¿Cómo mejorar la autoestima en adultos?
Psicología-online.
Autoestima y Autosuperación: Técnicas para
su mejora
Por: Angel Antonio Marcuello García
Jefe del Gabinete de Psicología de la Escuela de Especialidades Antonio
de Escaño (Ferrol-La Coruña)
1. LA AUTOESTIMA
Las
creencias que tenemos acerca de nosotros mismos, aquellas cualidades,
capacidades, modos de sentir o de pensar que nos atribuimos, conforman nuestra
“imagen personal” o “autoimagen”. La “autoestima” es la valoración que
hacemos de nosotros mismos sobre la base de las sensaciones y experiencias que
hemos ido incorporando a lo largo de la vida. Nos sentimos listos o tontos,
capaces o incapaces, nos gustamos o no. Esta autovaloración es muy importante,
dado que de ella dependen en gran parte la realización de nuestro potencial
personal y nuestros logros en la vida. De este modo, las personas que se
sienten bien consigo mismas, que tienen una buena autoestima, son capaces de
enfrentarse y resolver los retos y las responsabilidades que la vida plantea.
Por el contrario, los que tienen una autoestima baja suelen autolimitarse y
fracasar.
Las
personas somos complejas y muy difíciles de definir en pocas palabras. Como
existen tantos matices a tener en cuenta es importante no hacer
generalizaciones a partir de uno o dos aspectos. Ejemplos:
- Podemos ser muy habladores
con los amigos/as y ser callados/as en casa.
- Ser un mal jugador de fútbol
no indica que seamos un desastre en todos los deportes.
- Que no nos salga bien un
examen no significa que no sirvamos para los estudios.
2. ¿CÓMO SE FORMA LA AUTOESTIMA?
- El concepto de uno mismo va
desarrollándose poco a poco a lo largo de la vida, cada etapa
aporta en mayor o menor grado, experiencias y sentimientos, que darán como
resultado una sensación general de valía e incapacidad. En la infancia
descubrimos que somos niños o niñas, que tenemos manos, piernas, cabeza y
otras partes de nuestro cuerpo. También descubrimos que somos seres
distintos de los demás y que hay personas que nos aceptan y personas que
nos rechazan. A partir de esas experiencias tempranas de aceptación y
rechazo de los demás es cuando comenzamos a generar una idea sobre lo que
valemos y por lo que valemos o dejamos de valer. El niño gordito desde
pequeño puede ser de mayor un adulto feliz o un adulto infeliz, la dicha
final tiene mucho que ver con la actitud que demostraron los demás hacia
su exceso de peso desde la infancia.
- Durante la adolescencia, una de las fases más críticas en el
desarrollo de la autoestima, el joven necesita forjarse una identidad firme
y conocer a fondo sus posibilidades como individuo; también precisa apoyo
social por parte de otros cuyos valores coincidan con los propios, así
como hacerse valioso para avanzar con confianza hacia el futuro. Es la
época en la que el muchacho pasa de la dependencia de las personas a las
que ama (la familia) a la independencia, a confiar en sus propios
recursos. Si durante la infancia ha desarrollado una fuerte autoestima, le
será relativamente fácil superar la crisis y alcanzar la madurez. Si se
siente poco valioso corre el peligro de buscar la seguridad que le falta
por caminos aparentemente fáciles y gratificantes, pero a la larga
destructivos como la drogadicción.
- La baja autoestima está
relacionada con una distorsión del pensamiento (forma inadecuada de
pensar). Las personas con baja autoestima tienen una visión muy
distorsionada de lo que sen realmente; al mismo tiempo, estas personas
mantienen unas exigencias extraordinariamente perfeccionistas sobre lo que
deberían ser o lograr. La persona con baja autoestima mantiene un diálogo
consigo misma que incluye pensamientos como:
- Sobregeneralización: A partir de un hecho aislado se crea una
regla universal, general, para cualquier situación y momento: He
fracasado una vez (en algo concreto); !Siempre fracasaré! (se interioriza
como que fracasaré en todo).
- Designación
global: Se
utilizan términos peyorativos para describirse a uno mismo, en vez de
describir el error concretando el momento temporal en que sucedió: !Que
torpe (soy)!.
- Pensamiento
polarizado:
Pensamiento de todo o nada. Se llevan las cosas a sus extremos. Se tienen
categorías absolutas. Es blanco o negro. Estás conmigo o contra mí. Lo
hago bien o mal. No se aceptan ni se saben dar valoraciones relativas. O
es perfecto o no vale.
- Autoacusación: Uno se encuentra culpable de todo. Tengo yo
la culpa, !Tendría que haberme dado cuenta!.
- Personalización: Suponemos que todo tiene que ver con
nosotros y nos comparamos negativamente con todos los demás. !Tiene mala
cara, qué le habré hecho!.
- Lectura
del pensamiento:
supones que no le interesas a los demás, que no les gustas, crees que
piensan mal de ti...sin evidencia real de ello. Son suposiciones que se
fundamentan en cosas peregrinas y no comprobables.
- Falacias
de control:
Sientes que tienes una responsabilidad total con todo y con todos, o bien
sientes que no tienes control sobre nada, que se es una víctima
desamparada.
- Razonamiento
emocional: Si
lo siento así es verdad. Nos sentimos solos, sin amigos y creemos que
este sentimiento refleja la realidad sin parar a contrastarlo con otros
momentos y experiencias. "Si es que soy un inútil de verdad";
porque "siente" que es así realmente
3. FORMAS DE MEJORAR LA AUTOESTIMA
La
autoestima puede ser cambiada y mejorada. Podemos hacer varias cosas para
mejorar nuestra autoestima:
1. Convierte lo negativo en positivo:
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Nunca pierdas las ganas de pensar en positivo, invierte todo lo que
parezca mal o que no tiene solución:
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Pensamientos negativos
"No hables"
"¡No puedo hacer nada!" "No esperes demasiado" "No soy suficientemente bueno" |
Pensamientos alternativos
"Tengo cosas importantes que decir"
"Tengo éxito cuando me lo propongo" "Haré realidad mis sueños" "¡Soy bueno!" |
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2. No generalizar
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Como ya hemos dicho, no generalizar a partir de las experiencias
negativas que podamos tener en ciertos ámbitos de nuestra vida. Debemos
aceptar que podemos haber tenido fallos en ciertos aspectos; pero esto no
quiere decir que en general y en todos los aspectos de nuestra vida seamos
“desastrosos”.
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3. Centrarnos en lo positivo
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En conexión con lo anterior, debemos acostumbrarnos a observar las
características buenas que tenemos. Todos tenemos algo bueno de lo cual
podemos sentirnos orgullosos; debemos apreciarlo y tenerlo en cuenta cuando
nos evaluemos a nosotros mismos.
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4. Hacernos conscientes de los logros o éxitos
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Una forma de mejorar nuestra imagen relacionada con ese “observar lo
bueno” consiste en hacernos conscientes de los logros o éxitos que tuvimos en
el pasado e intentar tener nuevos éxitos en el futuro. Pida a los alumnos/as
que piensen en el mayor éxito que han tenido durante el pasado año. Dígales
que todos debemos reconocer en nosotros la capacidad de hacer cosas bien en
determinados ámbitos de nuestra vida y que debemos esforzarnos por lograr los
éxitos que deseamos para el futuro.
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5. No compararse
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Todas las personas somos diferentes; todos tenemos cualidades
positivas y negativas. Aunque nos veamos “peores” que otros en algunas
cuestiones, seguramente seremos “mejores” en otras; por tanto, no tiene
sentido que nos comparemos ni que, nos sintamos “inferiores” a otras
personas.
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6. Confiar en nosotros mismos
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Confiar en nosotros mismos, en nuestras capacidades y en nuestras
opiniones. Actuar siempre de acuerdo a lo que pensamos y sentimos, sin
preocuparse excesivamente por la aprobación de los demás.
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7. Aceptarnos a nosotros mismos
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Es fundamental que siempre nos aceptemos. Debemos aceptar que, con
nuestras cualidades y defectos, somos, ante todo, personas importantes y
valiosas.
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8. Esforzarnos para mejorar
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Una buena forma de mejorar la autoestima es tratar de superarnos en
aquellos aspectos de nosotros mismos con los que no estemos satisfechos,
cambiar esos aspectos que deseamos mejorar. Para ello es útil que
identifiquemos qué es lo que nos gustaría cambiar de nosotros mismos o qué
nos gustaría lograr, luego debemos establecer metas a conseguir y esforzarnos
por llevar a cabo esos cambios.
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Elaborar proyectos de superación personal
Una parte
importante de nuestra autoestima viene determinada por el balance entre
nuestros éxitos y fracasos. En concreto, lograr lo que deseamos y ver
satisfechas nuestras necesidades proporciona emociones positivas e incrementa
la autoestima.
Se ha
apuntado como una forma de mejorar la autoestima el esforzarse para cambiar las
cosas que no nos gustan de nosotros mismos. Vamos a trabajar sobre un método
que puede hacer más fácil estos cambios. Este método está compuesto por cuatro
pasos fundamentales:
Pasos
para conseguir lo que se desea.
- Plantearse una meta clara y
concreta.
- Establecer las tareas que se
deben realizar para lograrla.
- Organizar las tareas en el
orden en que se deberían realizar.
- Ponerlas en marcha y evaluar
los logros que se vayan consiguiendo.
Veamos
brevemente cada uno de estos pasos:
Primer paso: Plantearse una meta clara y concreta.
Una
“meta” puede ser cualquier cosa que se desee hacer o conseguir. Plantearse una
meta de forma clara y concreta ayuda a tener éxito porque nos ayuda a
identificar lo que quere¬mos conseguir.
La meta
que nos propongamos ha de reunir una serie de requisitos. Debe ser una meta:
- SINCERA, algo que realmente
queramos hacer o deseemos alcanzar.
- PERSONAL, no algo que venga
impuesto por alguien desde fuera.
- REALISTA, que veamos que es
posible conseguir en un plazo relativamente corto de tiempo (unas cuantas
semanas).
- DIVISIBLE, que podamos
determinar los pasos o cosas que hemos de hacer para conseguirla.
- MEDIBLE, que podamos
comprobar lo que hemos logrado y lo que nos falta para alcanzarla.
Ejemplos:
- Obtener una buena nota en
una asignatura
- Ser más popular
- Llevarse bien con los
hermanos
- Hacer deporte
- Ahorrar dinero
Segundo paso: Establecer las tareas que se deben
realizar para lograrla.
Una vez
que hayan concretado la meta que desean alcanzar, pídales que piensen en lo que
tendrían que hacer para conseguirla. No todo se consigue en un día; para
conseguir mejorar en cualquier aspecto que te propongas has de hacer pequeños
esfuerzos.
Póngales
como ejemplo el caso de los ciclistas que participan en la vuelta ciclista a
España. La meta de muchos de ellos es ganar la carrera. Pero para ello se
tienen que superar a lo largo de tres semanas distintas etapas (etapas de
llano, etapas de montaña, contrarreloj).
Tercer paso: Organizar las tareas en el orden en
que habría que realizarlas.
Si se
intenta llevar a cabo todas las tareas al mismo tiempo, es muy probable que no
se consiga nada. Para lograr una meta es muy interesante que se ordenen las
tareas que se deben realizar y se establezca un plan de trabajo.
Una vez
que tengan la lista de las tareas que deben realizar pida que las ordenen. El
orden se puede establecer de forma lógica, según la secuencia temporal en las
que se tengan que realizar (para hacer una casa antes del tejado habrá que
hacer los cimientos) o, en el caso de que las tareas no necesiten una
secuenciación temporal, se puede empezar por las tareas más sencillas y que
requieran menos esfuerzo, dejando para el final las más difíciles o costosas.
Cuarto paso: Ponerlas en marcha y evaluar los logros
que se vayan consiguiendo.
Una vez
elaborado el proyecto personal habría que comprometerse con él y ponerlo en
práctica. Para llegar a conseguirlo es importante ir evaluando los esfuerzos
realizados. Esto puede ser difícil hacerlo uno mismo, pero es relativamente
sencillo si se pide a un familiar o a un amigo que nos ayude a evaluar nuestros
progresos.
Vamos a
ver un ejemplo en el que una persona uno elabora un proyecto de superación
personal con el fin de superar la timidez:
Ejemplo de Proyecto Personales
1. Meta: Superar a timidez.
2. Tareas para conseguirlo:
3. Organización de las tareas (empezar por lo más fácil y avanzar
hacia las tareas más difíciles)
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BIBILIOGRAFIA:
- CASTAÑER, OLGA. ¿Por qué no
logro ser asertivo?. DESCLE. 2001.
- CASTAÑER, OLGA. La
asertividad: expresión de una sana autoestima. DESCLE. 1996.
- DE LAS HERAS RENERO, Mª
DOLORES Y COLS. Programa Discover. Junta Castilla y León.
- E. CABALLO, VICENTE. Manual
de evaluación y tratamiento de las habilidades sociales. SIGLO XXI. 1999.
- GOLDSTEIN ARNOLD.
Habilidades sociales y autocontrol en la adolescencia. SIGLO XXI. 1999.
- LUENGO MARTÍN, Mª ÁNGELES Y
COLS. Construyendo la Salud. MEC.
- MARTHA DAVIS, MATTHEW MCKAY.
Técnicas cognitivas para el tratamiento del estrés. MARTÍNEZ ROCA. 1998.
- MARTHA DAVIS, MATTHEW MCKAY.
Técnicas de autocontrol emocional. MARTÍNEZ ROCA. 1998.
- MATTHEW MCKAY, PATRICK
FANNING. Autoestima Evaluación y mejora. MARTÍNEZ ROCA. 1999.
- VALLÉS ARANDIGA A. Y VALLÉS
TORTOSA C. Programa de refuerzo de las habilidades sociales III. EOS.
La importancia de la autoestima
El modo en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos afecta
virtualmente en forma decisiva todos los aspectos de nuestra experiencia, desde
la manera en que funcionamos en el trabajo, el amor o el sexo, hasta nuestro
proceder como padres y las posibilidades que tenemos de progresar en la vida.
Nuestras respuestas ante los acontecimientos dependen de quién y qué pensamos
que somos. Los dramas de nuestra vida son los reflejos de la visión íntima que
poseemos de nosotros mismos. Por lo tanto, la autoestima es la clave del éxito o
del fracaso.
También es la clave para comprendernos y comprender a los demás.
Aparte de los problemas de origen biológico, no conozco una sola
dificultad psicológica -desde la angustia y la depresión, el miedo a la
intimidad o al éxito, el abuso del alcohol o de las drogas, el bajo rendimiento
en el estudio o en el trabajo, hasta los malos tratos a las mujeres o a la
violación de menores, las disfunciones sexuales o la inmadurez emocional,
pasando por el suicidio o los crímenes violentos- que no sea atribuible a una
autoestima deficiente. De todos los juicios a que nos sometemos, ninguno es tan
importante como el nuestro propio. La autoestima positiva es el requisito
fundamental para una vida plena.
Veamos qué es la autoestima. Tiene dos componentes: un sentimiento de
capacidad personal y un sentimiento de valía personal. En otras palabras, la
autoestima es la suma de la confianza y el respeto por uno mismo. Refleja el
juicio implícito que cada uno hace de su habilidad para enfrentar los desafíos
de la vida (para comprender y superar los problemas) y de su derecho a ser
feliz (respetar y defender sus intereses y necesidades).
Tener una alta autoestima es sentirse confiadamente apto para la vida,
es decir, capaz y valioso, en el sentido que acabo de indicar. Tener una
autoestima baja es sentirse inútil para la vida; equivocado, no con respecto a
tal o cual asunto, sino equivocado como persona. Tener un termino medio de
autoestima es fluctuar entre sentirse apto e inútil, acertado y equivocado como
persona, y manifestar estas incoherencias en la conducta -actuar a veces con
sensatez, a veces tontamente-, reforzando, así, la inseguridad.
La capacidad de desarrollar una confianza y un respeto saludables por
nosotros mismos es inherente a nuestra naturaleza, ya que la capacidad de
pensar es la fuente básica de nuestra idoneidad, y el hecho de que estemos
vivos es la fuente básica de nuestro derecho a esforzarnos por conseguir
felicidad. Idealmente, todo el mundo debería disfrutar de un alto nivel de
autoestima, experimentando tanto una fe intelectual en sí mismo como una fuerte
sensación de que merecemos ser felices. Por desgracia, sin embargo, hay mucha
gente a la que esto no le ocurre. Numerosas personas padecen sentimientos de
inutilidad, inseguridad, dudas sobre si mismas, culpa y miedo a participar
plenamente en la vida, una vaga sensación de que "lo que soy no es
suficiente". No siempre estos sentimientos se reconocen y admiten con
facilidad, pero ahí están.
En el proceso del desarrollo, y en el proceso de la vida en sí, nos
resulta sumamente fácil apartarnos de un concepto positivo de nosotros mismos,
o no llegar a formarlo nunca. Tal vez no podamos jamás estar satisfechos con
nosotros mismos a causa de la aportación negativa de los demás, o porque hemos
fallado a nuestra propia honestidad, integridad, responsabilidad y
autoafirmación, o porque hemos juzgado nuestras acciones con una comprensión y
una compasión inadecuadas.
Sin embargo, la autoestima es siempre una cuestión de grado. Nunca he
conocido a nadie que careciera por completo de autoestima positiva, ni tampoco
he conocido a nadie que no fuera capaz de desarrollar su autoestima.
Desarrollar la autoestima es desarrollar la convicción de que uno es
competente para vivir y merece la felicidad, y por lo tanto enfrentar a la vida
con mayor confianza., benevolencia y optimismo, los cuales nos ayudan a
alcanzar nuestras metas y experimentar la plenitud. Desarrollar la autoestima
es ampliar nuestra capacidad de ser felices.
Si comprendemos esto, podemos apreciar que el hecho de cultivar la
autoestima nos interesa a todos. No es necesario llegar a odiarnos para poder
aprender a querernos más; no tenemos que sentirnos inferiores para desear tenernos más confianza. No hemos
de sentirnos infelices para desear ampliar nuestra capacidad de alegría.
Cuanto más alta sea nuestra autoestima, mejor preparados estaremos para
afrontar las adversidades; cuanto más flexibles seamos, más resistiremos la
presiones que nos hacen sucumbir a la desesperación o a la derrota.
Cuanto más alta sea nuestra autoestima, más posibilidades de ser
creativos en nuestro trabajo, lo que significa que también tendremos más
posibilidades de lograr el éxito.
Cuanto más alta sea nuestra autoestima, mças ambiciosos tenderemos a
ser, no necesariamente en nuestra carrera o profesión o en un sentido
económico, sino en términos de lo que esperamos experimentar en la vida en el
plano emocional, creativo y espiritual.
Cuanto más alta sea nuestra autoestima, más posibilidades tendremos de
entablar relaciones enriquecedores y no destructivas, ya que lo semejante se
atrae entre sí, la salud llama a la salud, y la vitalidad y la generosidad de
ánimo son más apetecibles que el vacío afectivo y la tendencia a aprovecharse
de los demás.
Cuanto más alta es nuestra autoestima, más inclinados estaremos a
tratar a los demás con respeto,
benevolencia y buena voluntad, ya que no los percibiremos como amenaza, no nos
sentiremos "extraños y asustados en
un mundo que nunca hicimos" (citando el poema de A. E. Housman), y porque el respeto por uno
mismo es la base del respeto por los
demás.
Cuanto más alta sea nuestra autoestima, más alegría experimentaremos por
el solo hecho de ser, de despertarnos por la mañana, de vivir dentro de
nuestros cuerpos.
Estas son las recompensas de la confianza y el respeto por nosotros
mismos.
En Honoring the Self he analizado
con detalle por quçe existen tales correlaciones; pero creo que está claro que
si deseamos ampliar nuestras posibilidades positivas y, por lo tanto transformar
la calidad de nuestra existencia, debemos empezar por desarrollar nuestra
autoestima. Examinemos más profundamente el significado de la autoestima.
La autoestima, en cualquier nivel, es una experiencia intima; reside en
el núcleo de nuestro ser. Es lo que yo pienso y siento sobre mí mismo, no lo que otros piensan o sienten
sobre mí.
Cuando somos niños, los adultos pueden alimentar o minar la confianza y
el respeto por nosotros mismos, según que nos respeten, nos amen, nos valoren y
nos alienten a tener fe en nosotros mismos, o no lo hagan. Pero aun en nuestros
primeros años de vida nuestras propias elecciones y decisiones desempeñan un papel crucial en el nivel de autoestima
que a la larga desarrollemos. Estamos lejos de ser meros receptáculos pasivos
de las opiniones que los demás tengan de nosotros. Y de todos modos, cualquiera
que haya sido nuestra educación, como adultos la cuestión está en nuestras
manos.
Nadie puede respirar por nosotros, nadie puede pensar por nosotros,
nadie puede imponernos la fe y el amor por nosotros mismos.
Puedo ser amado por mi familia, mi pareja y mis amigos, y sin embargo no
amarme a mí mismo. Puedo ser admirado por mis socios y considerar no obstante
que carezco de valores. Puedo proyectar una imagen de seguridad y aplomo que
engañe a todo el mundo, y temblar secretamente porque me siento inútil.
Puedo satisfacer las expectativas de los demás y no las mías; puedo
obtener altos honores y sin embargo sentir que no he logrado nada; puedo ser
adorado por millones de personas pero despertar cada mañana con una deprimente
sensación de fraude y vacío.
Alcanzar el "éxito" sin alcanzar una autoestima positiva es
estar condenado a sentirse como un impostor que espera con angustia que lo
descubran.
Así como el aplauso de los otros no genera nuestra autoestima, tampoco
lo hacen el conocimiento, ni la destreza, ni las posesiones materiales, ni el
matrimonio, ni la paternidad o maternidad, ni las obras de beneficencia, ni las
conquistas sexuales, ni las cirugías estéticas. A veces estas cosas pueden
hacernos sentir mejor con respecto a nosotros mismos por un tiempo, o más
cómodos en determinadas situaciones; pero comodidad no es autoestima.
Lo trágico es que la mayoría de las personas buscan la auto confianza y
el auto respeto en todas partes menos dentro de sí mismas, y por ello fracasan
en su búsqueda. Veremos que la autoestima positiva se comprende mejor como una
suerte de logro espiritual, es decir, como una victoria en la evolución de la
conciencia. Cuando comenzamos a concebirla de este modo, como un estado de
conciencia, descubrimos la necedad de creer que solo con lograr que los demás
se formen una impresión positiva por parte de nosotros mismos. Dejaremos de
decirnos: si pudiera lograr otro ascenso; si pudiera ser esposa y madre; si
pudiera ser considerado un buen padre;
si pudiera comprarme un coche más grande; si pudiera escribir otro libro,
adquirir otra empresa, tener un nuevo amante, recibir otro premio, lograr un
reconocimiento más de mi "abnegación"... entonces me sentiría
realmente en paz conmigo mismo. Nos daremos cuenta de que, puesto que la
búsqueda es irracional, ese anhelo por "algo más" existirá siempre.
Si la autoestima es el juicio de que soy pato para la vida, la
experiencia de mi propia capacidad y valía; si la autoestima es una conciencia
autoafirmadora, una mente que confía en si misma, nadie puede generar esta
experiencia, salvo uno mismo.
Cuando apreciamos la verdadera naturaleza de la autoestima, vemos que no
es competitiva ni comparativa.
La verdadera autoestima no se expresa por la auto glorificación a
expensas de los demás, o por el afán de ser superior a los otros o de
rebajarlos para elevarse uno mismo. La arrogancia, la jactancia y la
sobrevaloración de nuestras capacidades reflejan más bien una autoestima
equivocada y no, como imaginan algunos, un exceso de autoestima.
El estado de una persona que no está en guerra ni consigo misma ni con
los demás, es una de las características más significativas de una autoestima
sana.
La importancia de una autoestima sana reside en el hecho de que es la
base de nuestra capacidad para responder de manera activa y positiva a las
oportunidades que se nos presentan en el trabajo, en el amor y en la diversión.
Es también la base de esa serenidad de espíritu que hace posible disfrutar de
la vida.
El concepto de sí mismo como
destino
El concepto que cada uno de nosotros tiene de si mismo consiste en quién
y qué pensamos que somos consciente y subconscientemente: nuestros rasgos
físicos y psicológicos, nuestras cualidades y nuestros defectos y, por encima
de todo, nuestra autoestima. La autoestima es el componente evaluativo del
concepto de sí mismo.
Ese concepto modela nuestro destino; es decir que la visión más profunda
que tenemos de nosotros mismos influye sobre todas nuestras elecciones y
decisiones más significativas y, por ende, modela el tipo de vida que nos
creamos.
Vivir conscientemente
Hay
dos palabras que describen inmejorablemente lo que podemos hacer para aumentar
nuestra autoestima, es decir, para generar más confianza en nosotros mismos y
respetarnos más. Estas son: vivir conscientemente. El problema es que
esta frase quizá resulte demasiado abstracta para algunas personas; no se
traduce de manera auto evidente en una acción mental y/o física. Y si deseamos
crecer, necesitamos saber qué hacer. Necesitamos aprender nuevas
conductas. De modo que debemos preguntar: si tratáramos de vivir más
conscientemente ¿cómo y en que aspectos actuaríamos de manera diferente?
La
mente es nuestro medio de supervivencia fundamental. Todos nuestros logros
específicamente humanos son el reflejo de nuestra capacidad de pensar. Una
vida llena de éxitos depende del uso adecuado de la inteligencia, es decir,
adecuada a las tareas y objetivos que nos proponemos y a los desafíos con que
nos enfrentamos. Este es el hecho biológico central de nuestra existencia.
Pero
el uso adecuado de nuestra conciencia no es automático; más bien, es una
elección. Tenemos libertad de obrar en pro de la ampliación o la limitación
de la conciencia. Podemos aspirar a ver más o a ver menos. Podemos desear saber
o no saber. Podemos luchar para obtener claridad o confusión. Podemos vivir
conscientemente, o semiconscientemente, o (para casi todos los fines prácticos)
inconscientemente. Éste es, en definitiva, el significado del libre
albedrío.
Si nuestra vida y nuestro bienestar dependen del uso adecuado de la conciencia, la importancia que le otorguemos a la visión, prefiriéndola a la ceguera, es el componente más importante de nuestra auto confianza y nuestro autor respeto. Será difícil que podamos sentirnos competentes en la vida si vagamos (en el trabajo, en el matrimonio o en la relación con los hijos) en medio de una niebla mental autoprovocada. Si traicionamos nuestro medio fundamental de supervivencia tratando de existir de forma irreflexiva, la impresión que nos formamos de nuestros propios méritos queda perjudicada en la misma medida, con independencia de la aprobación o desaprobación de los demás. Nosotros conocemos nuestros defectos, los conozcan o no los otros. La autoestima es la reputación que adquirimos con respecto a nosotros mismos.
Si nuestra vida y nuestro bienestar dependen del uso adecuado de la conciencia, la importancia que le otorguemos a la visión, prefiriéndola a la ceguera, es el componente más importante de nuestra auto confianza y nuestro autor respeto. Será difícil que podamos sentirnos competentes en la vida si vagamos (en el trabajo, en el matrimonio o en la relación con los hijos) en medio de una niebla mental autoprovocada. Si traicionamos nuestro medio fundamental de supervivencia tratando de existir de forma irreflexiva, la impresión que nos formamos de nuestros propios méritos queda perjudicada en la misma medida, con independencia de la aprobación o desaprobación de los demás. Nosotros conocemos nuestros defectos, los conozcan o no los otros. La autoestima es la reputación que adquirimos con respecto a nosotros mismos.
Mil veces por día debemos
elegir el nivel de conciencia en el cual funcionaremos. Mil veces por día
debemos elegir entre pensar y no pensar. Gradualmente, con el tiempo,
adquirimos una noción de la clase de persona que somos, según cuales sean las
elecciones que hagamos, la racionalidad y la integridad que mostremos. Esa es
la reputación a la que me refiero.
Cuanto más inteligentes somos, mayor es nuestra capacidad
de conocimiento, pero el principio de vivir conscientemente sigue siendo el
mismo, sea cual fuere el nivel de inteligencia. Vivir conscientemente significa
conocer todo lo que afecta a nuestras acciones, objetivos, valores y metas, y
comportarnos de acuerdo con aquello que vemos y sabemos.
En cualquier situación, vivir conscientemente significa
generar un estado mental adecuado a la tarea que se realiza. Conducir un coche,
hacer el amor, escribir la lista de la compra, estudiar un balance, meditar,
todo ello requiere estados mentales diferentes, distintos tipos de procesos
psíquicos. En lo referente a cuestiones de funcionamiento mental, el
contexto determina qué es lo adecuado. Vivir conscientemente significa
hacerse responsable del conocimiento adecuado a la acción que estamos
efectuando. Esto, sobre todo, es el fundamente de la autoconfianza y el
autorrepesto.
La autoestima, pues, depende, no de las características
con las que nacemos, sino del modo en que usemos nuestra conciencia, de
las elecciones que hagamos con respecto al conocimiento, la honestidad de
nuestra relación con la realidad y el nivel de nuestra integridad. Una persona
de gran inteligencia y gran autoestima no se sentirá más adecuada a la
vida o más merecedora de felicidad que otra persona con gran autoestima
y una inteligencia modesta.
Vivir conscientemente implica respeto por los hechos de
la realidad -los hechos de nuestro mundo interior así como los del mundo
exterior-, en contraste con una actitud equivalente a decir: "Si yo
no quiero verlo o considerarlo, esto no existe". Vivir
conscientemente es vivir responsablemente para con la realidad. Lo cual
no significa que tenga que gustarnos lo que vemos, sino que debemos reconocer
lo que es y lo que no es, y que los deseos o los miedos o los rechazos no
alteran los hechos.
Al
considerar los ejemplos precedentes, analice los resultados que implica el
hecho de vivir conscientemente, en contraposición a los que produce el vivir
inconscientemente:
Pensar,
aunque resulte difícil, contra no pensar.
El
conocimiento, aun cuando sea un desafío, contra el desconocimiento.
La
claridad, se obtenga o no con facilidad, contra la oscuridad o la
vaguedad.
El
respeto por la realidad, ya sea agradable o dolorosa, contra la huida de la
realidad.
El
respeto por la verdad contra el rechazo de la verdad.
La
independencia contra la dependencia.
La
actitud contra la actitud pasiva.
La
voluntad de correr riesgos adecuados, aunque despierten miedo, contra la falta
de voluntad.
La
honestidad con uno mismo contra la deshonestidad.
Vivir
en el presente y de acuerdo con él, contra replegarse en la fantasía.
Enfrentarse
a uno mismo contra evitarse a uno mismo.
La
voluntad de ver y corregir los errores, contra la perseverancia en el error.
La
razón contra el irracionalismo.
Uno
de los puntos más importantes del vivir conscientemente es la independencia
intelectual. Una persona no puede pensar a través de la mente de otra. Podemos
aprender de los demás, pero el verdadero conocimiento implica comprensión, y no
se trata de la mera repetición o imitación. Tenemos dos alternativas: ejercitar
nuestra propia mente, o delegar en otros la responsabilidad del conocimiento y
la evaluación y aceptar sus veredictos de manera más o menos incondicional.
Por
supuesto, a veces los demás influyen en nosotros de modos que no reconocemos;
pero esto no altera el hecho de que existe una distinción entre los que tratan
de comprender las cosas por si mismos, y los que no lo hacen. Lo decisivo a
este respecto es nuestra intención, nuestra meta. Como política general, ¿intenta
usted pensar por sí mismo? ¿Es esa su orientación básica?
Hablar
de "pensar de forma independiente" es útil porque la redundancia
tiene valor en términos de énfasis. A menudo la gente llama "pensar"
al mero reciclaje de las opiniones ajenas, no al verdadero pensamiento. Pensar
con independencia -sobre nuestro trabajo, nuestras relaciones, los valores que
guiaran nuestra vida- es parte de lo que se quiere decir con "vivir
conscientemente".
La independencia es una virtud de la autoestima.
Al
repasar los casos citados, tal vez usted desee preguntar: ¿acaso la gente que
vive conscientemente no tiene, ya, una buena autoestima, y la que vive
conscientemente carece de ella? ¿cómo puede, entonces, el vivir conscientemente
ser la base de la autoestima?
Nos
encontramos aquí con lo que llamo el principio de la causalidad reciproca.
Con ella quiero decir que las conductas que generan una buena autoestima son
también expresiones de una buena autoestima, y las conductas que son
expresiones de una buena autoestima son también generadoras de una buena
autoestima. Vivir conscientemente es a la vez causa y efecto de la
autoconfianza y el autorrespeto.
Cuanto
más conscientemente vivo, más fe tengo en mi mente y más respeto mi valor.
Cuanto más fe tengo en mi mente y más respeto a mi valor, más natural me
resulta vivir conscientemente. Esta misma relación existe entre todas las
conductas que sirven de apoyo a la autoestima.
Aprender a aceptarse
Si
la esencia de vivir conscientemente es el respeto por los hechos y la realidad,
la autoaceptación es la prueba definitiva. Cuando los hechos que debemos
afrontar tienen que ver con nosotros mismos, vivir conscientemente puede
volverse muy difícil. Aquí es donde entra en juego el desafío de la
autoaceptación.
La
autoaceptación pide que enfoquemos nuestra experiencia con una actitud que
vuelva irrelevantes los conceptos de aprobación y desaprobación: el deseo de
ver, de saber, de conocer.
Ahora
bien, aceptarnos a nosotros mismos no significa carecer del afán de cambiar,
mejorar o evolucionar. Lo cierto es que la autoaceptación es la condición
previa del cambio. Si aceptamos lo que sentimos y lo que somos, en cualquier
momento de nuestra existencia, podemos permitirnos ser plenamente conscientes
de la naturaleza de nuestras elecciones y acciones, y nuestro desarrollo no se
bloquea.
Comencemos
por un ejemplo simple. Póngase frente a un espejo que abarque toda su figura y
mírese la cara y el cuerpo. Preste atención a sus sentimientos mientras lo
hace. Quizá algunas partes de lo que vea
le gustaran más que otras. Si es usted como la mayoría de la gente, algunas
partes de su cuerpo le resultarán más difíciles de observar detenidamente,
porque lo perturban o le disgustan. Tal vez vea en su rostro un dolor que no
desea afrontar; tal vez exista algún aspecto de su cuerpo que le desagrada
tanto que le cueste mucho mantener sus ojos fijos en él; tal vez vea indicios
de su edad, y no pueda soportar los pensamientos y emociones que esos indicios
le despiertan. De modo que se siente impulsado a escapar -a huir de la
conciencia- a rechazar, negar, olvidarse de ciertos aspectos de usted misma/o.
Pero
siga mirando su imagen en el espejo unos instantes más, e intente decirse a
usted misma/o: "Sean cuales fueren
mis defectos o imperfecciones, me acepto a mí misma/o sin reservas y por
completo".
Siga contemplándose, respire hondo, y repita
esa frase una y otra vez durante uno o dos minutos, sin acelerar el proceso
sino, más bien, permitiéndose experimentar plenamente el significado de sus
palabras. Quizás se descubra protestando: "Pero hay algunas partes de mi
cuerpo que no me gustan: ¿cómo puedo entonces aceptarlas sin reservas y por
completo?"
Recuerde: "aceptar" no significa
necesariamente "gustar"; "aceptar" no significa que no
podamos imaginar o desear cambios o mejoras. Significa experimentar, sin
negación ni rechazo, que un hecho es un hecho; en este caso, significa aceptar
que la cara y el cuerpo que ve en el espejo son su cara y su cuerpo, y que son
como son. Si insiste, si se rinde a la realidad, si se rinde al conocimiento
(que es lo que es, en definitiva, significa "aceptar"), advertirá que
ha comenzado a relajarse un poco, y tal vez se sienta más cómodo/a con usted
misma/o, y más real.
Aunque
no le guste o no le cause placer todo lo que vea cuando se mira al espejo, aun
podrá decir: "Ese soy yo, en este
momento. Y no lo niego. Lo acepto". Eso es respeto por la realidad.
Practique
este ejercicio durante dos minutos todas las mañanas, y al poco tiempo
comenzará a experimentar la relación entre la autoaceptación y la autoestima:
una mente que honra a la vista se honra a si misma.
Y
también hará otro descubrimiento importante: no solo mantendrá una relación más
armoniosa consigo mismo, no sólo desarrollará su autoconfianza y su
autorrespeto, sino que, si existen aspectos de su sí-misma/o que no le gustan,
y tiene posibilidades de cambiar, se hallará más animado/a para realizar esos
cambios, una vez que haya aceptado los hechos tal como son ahora. No nos
sentimos inclinados a cambiar aquellas cosas cuya realidad negamos.
Nuestra
autoestima no depende de nuestro atractivo físico, como imaginan algunos con
ingenuidad. Pero nuestra voluntad o falta de voluntad para vernos y aceptarnos
sí tiene consecuencias en nuestra autoestima. Nuestra actitud hacia la persona
que vemos en el espejo es sólo un ejemplo dentro del tema de la autoaceptación.
Consideremos algunos otros.
Supongamos
que usted debe ofrecer una charla a un grupo de personas y tiene miedo. O que
va a entrar en una fiesta en la que conoce a muy poca gente, y se siente
inseguro o tímido. Se halla angustiado y
trata de combatir su ansiedad como hace la mayoría: tensando el cuerpo,
conteniendo la respiración y diciéndose "No
tengas miedo" (o "No seas tímido"). Esta estrategia no funciona;
en realidad, le hará sentir peor. Ahora
su cuerpo envía a su cerebro las señales de una alerta de emergencia, las
señales del peligro, a las cuales usted responderá típicamente
"combatiendo" su inquietud de manera aun más feroz, con tensión, con
privación de oxigeno, y quizá con irritación y autorreproches. Usted está en
guerra consigo misma/o, y nunca aprendió que existe una estrategia alternativa
mucho más eficaz. Se trata de la estrategia de la autoaceptación.
En
ella, usted no combate la sensación de angustia, sino que se sumerge en ella,
la acepta. Quizás usted se diga: "Hombre, tengo miedo", y luego
respire larga, lenta, profundamente. Se concentra en una respiración suave y
profunda, aunque al principio le cueste y tal vez le resulte difícil durante
unos minutos; usted persevera, y observa su miedo, se convierte en testigo, sin
identificarse con él, sin permitirle que lo defina.
"Si tengo miedo, tengo miedo... pero eso
no es motivo para volverme inconsciente. Continuare usando mis ojos. Continuare
viendo."
Puede incluso "hablar" con su miedo,
invitándolo a que le diga la peor cosa imaginable que pueda ocurrir, de modo
que usted pueda afrontarla y también aceptarla (ésta es una estrategia que
tiende a apartarlo de fantasías autoatormentadoras e introducirlo en la
realidad, mucho más benévola). Quizás se entere de cuándo y cómo comenzó ese
miedo en usted. Quizás aprecie más profundamente que no tiene fundamento y que
es, en realidad, una respuesta obsoleta sin relevancia real en el presente.
Quizás su miedo no desaparezca en todas las ocasiones -a veces lo hará, a veces
sólo disminuirá-, pero usted se sentirá relativamente más relajado y más libre
de actuar con eficacia.
Siempre
somos más fuertes cuando no tratamos de combatir la realidad. No podemos hacer desaparecer nuestro miedo gritándole, o
gritándonos a nosotros mismos, o haciéndonos objeto de reproches. Si en cambio
podemos abrirnos a lo que experimentamos, permanecer conscientes y recordar que
somos más grandes que cualquier emoción aislada, al menos empezaremos a
trascender los sentimientos indeseables, y a menudo podremos eliminarlos,
puesto que la aceptación plena y sincera tiende, con el tiempo, a hacer
desaparecer los sentimientos negativos o indeseables como el dolor, la ira, la
envidia o el miedo.
Si
una persona tiene miedo, por lo general es inútil aconsejarle que se
"relaje", pues esa persona no sabe cómo traducir el consejo a
conducta. Pero si se le dice que respire suave y profundamente, o que imagine
cómo se sentiría si no tuviera que combatir el miedo, entonces se le está
proponiendo algo "ejecutable", es decir, algo que la persona puede
hacer. Esa persona debería pensar en
abrirse para permitir que el miedo entre, darle incluso la bienvenida,
intimar con él -o al menos observarlo sin llegar a identificarse con él- y por
ultimo proyectar lo peor que podría sucederle y afrontarlo. Por cierto, uno
puede aprender a decir: "Siento
miedo, y no puedo afrontar ese hecho, pero yo soy mas que mi miedo".
En otras palabras, no se identifique con el
miedo. Piense: "Reconozco mi miedo
y lo acepto... y ahora veamos si puedo recordar cómo se siente mi cuerpo cuando
no tengo miedo". Esta es una estrategia muy efectiva para controlar el
miedo (o cualquier otro sentimiento indeseable). Todas estas son acciones que
usted puede aprender, ensayar en su imaginación y practicar cuando surjan
situaciones que le causen miedo.
La práctica que describo es apropiada para casi
cualquier tipo de miedo. Es efectiva en el sillón del dentista, o cuando se dispone
a pedir una aumento de sueldo, o cuando afronta una entrevista difícil, o
cuando debe darle a alguien una noticiosa dolorosa, o cuando lucha con el miedo
al rechazo o al abandono.
Cuando
se aprende a aceptar el miedo, se deja de considerarlo como una catástrofe. Y
entonces deja de ser nuestro amo. Uno ya no se siente torturado por fantasías
que pueden guardar poca o ninguna relación con la realidad; es libre de ver a
la gente y a las situaciones tal como son; se siente más eficaz; tiene más
control sobre su vida. La autoconfianza y el autorrespeto aumentan.
La
autoestima también aumenta con este proceso, aun cuando los miedos no sean el
producto de fantasías irracionales sino que correspondan a una realidad
particular que sí es temible y que uno
debe afrontar. Yo tenía una amiga que, hace algunos años, empezó a sufrir un
cáncer devastador. En ese momento pensé que su valentía para luchar con él era
extraordinaria. Un día en que había ido a verla al hospital ella me contó esta
historia: los médicos le habían dicho que era necesario aplicarle radioterapia,
y la perspectiva la aterrorizaba. Preguntó si podía ir a la sala de radiación
unos minutos, durante tres días, antes de que empezara el tratamiento. "Solamente quiero mirar la máquina -dijo
a los médicos-, para conocerla. Después estaré lista, y no tendré miedo".
A mi me contó:
"Me quedaba mirando la máquina... aceptándola.... aceptado mi
situación... y meditando en que la máquina existía para ayudarme. Eso me hizo
mucho mas fácil el tratamiento". Mi amiga murió. Pero nunca olvidaré su
serenidad y si dignidad. Sabía como valorarse. Es uno de los ejemplos más
hermosos del principio de aceptación que he visto.
Tómese
unos minutos para contemplar algún sentimiento o alguna emoción que no le
resulte fácil afrontar; inseguridad, dolor, envidia, ira, pena, humillación,
miedo. Cuando aísle ese sentimiento, vea si puede enfocarlo con claridad, tal
vez pensando o imaginando cualquier cosa que suela evocarlo. Luego sumérjase en
ese sentimiento, como si le abriera el cuerpo. Imagínese como seria no
resistirse a él sino aceptarlo plenamente. Explore la experiencia. Tómese su
tiempo.
Dígase
varias veces: "Ahora me siento así
y así (describiendo sus sensaciones del momento) y lo acepto plenamente".
Al principio quizás sea difícil; quizás descubra que su cuerpo está tenso y se
rebela. Pero persevere; concéntrese en la respiración; piense en permitir que sus músculos se liberen de la
tensión; recuérdese: "Un hecho es
un hecho; lo que es, es; si el sentimiento existe, existe". Siga contemplando el sentimiento. Piense en
permitir al sentimiento que esté allí (en lugar de intentar desear que se
extinga o esforzarse en ello). Quizás le resulte útil, como me ha resultado a
mi, decirse: "Ahora estoy
explorando el mundo del miedo (o del dolor, o del conflicto, o de la confusión,
o lo que sea)".
Al
hacer esto, usted explorará el mundo de la autoaceptación.
Una
vez acudí al consultorio de un médico que debía darme una serie de inyecciones
dolorosas. En respuesta al shock y el dolor de la primera aguja, dejé de
respirar y contraje todo el cuerpo, como si quisiera mantener a distancia a un
ejército invasor. Pero, por supuesto, la tensión de mis músculos hacía más
difícil la penetración, y por lo tanto la experiencia resultaba más dolorosa
aun. Mi esposa, Devers, que también se
hallaba en el consultorio para aplicarse las mismas inyecciones, notó mi
actitud y me dijo: "Cuando sientas
que la aguja te toca la piel, aspira, como haciéndola entrar junto con el aire.
Imagina que le estás dando la bienvenida". De inmediato me di cuenta de
que es precisamente esto lo que yo le digo a la gente que haga con sus
emociones, de modo que hice lo que me
proponía Devers, y la aguja entró sin causarme demasiado dolor. Acepté la aguja
-y mis sentimientos correspondientes- en lugar de tratarlos como a adversarios.
Esta
estrategia es muy conocida, desde luego, por los atletas y los bailarines, cuya
labor requiere que "acompañen" al dolor en vez de rebelarse contra
él. Y lo ejercicios de respiración
Lamaze que se enseñan a las mujeres embarazadas para controlar y
suavizar el dolor, la angustia y las reacciones corporales encierran,
precisamente, el principio del que hablamos aquí.
En
terapia suelo trabajar con mujeres que tienen dificultad en experimentar el
orgasmo durante sus relaciones sexuales. Puesto que el miedo influye a veces en
la inhibición del placer, y en consecuencia del orgasmo, y puesto que a menudo
desencadena la reacción de cortar la respiración y contraer los músculos -como
para defenderse del pene "invasor"-, les enseño a darle la vuelta a
este proceso. Las mujeres aprenden entonces a aspirar cuando entra el pene, a
aceptar el pene. Aprenden a abrirse en una bienvenida, en lugar de contraerse
en un rechazo. Y, al hacer esto, aprenden a aceptar y a obtener un mayor grado
de comodidad y placer en las relaciones sexuales, pues se rinden ante la
experiencia, en vez de combatirla. El resultado es un goce sexual mucho mayor.
En el proceso, desde luego, tienden a desaparecer las fantasías de ser dañadas
o destruidas por el pene, o de perder peligrosamente el control. Una mujer
capaz de permitirse tener orgasmos puede controlarse mucho más que otra,
incapacitada por el miedo. Lo cierto es que la aceptación nos libera y nos
introduce en la realidad.
El
principio que es necesario recordar sigue siendo el mismo, ya sea el miedo o el
placer lo que nos lleva a ponernos rígidos. Si usted permite que se desarrolle
una relación de rivalidad, intensificará los aspectos negativos, privándose de
los positivos.
¿Puede
usted aislar las áreas de su vida en la que obra con mayor conciencia?
Empleando como guía el material de esta sección, escriba dos listas. Es un
excelente modo de profundizar su comprensión de que significa para usted vivir
conscientemente.
Ahora
supongamos que usted identifica tres áreas en las cuales reconoce que su
nivel medio de conciencia es mucho menor que lo que debería ser. Trate de
ver por qué le resulta difícil lograr en estas áreas un alto nivel de
conciencia. Luego, para cada una de esas áreas, escriba: "La dificultad
de permanecer plenamente consciente en esto reside en...", y luego,
lo más rápido posible, sin censurarse o "pensar", complete la oración
empleando de seis a diez terminaciones diferentes. Luego haga lo mismo
con: "Lo bueno de ser plenamente consciente en esto es..."; luego
siga con: "Si yo permaneciera plenamente consciente en esto...".
Es probable que haga algunos descubrimientos esclarecedores. Ya con el solo
hecho de efectuar este ejercicio, vivirá usted más conscientemente.
Por
ultimo, reflexione un poco sobre el día de mañana, y sobre los próximos siete
días de su vida. Considere cómo puede aplicar estas ideas a sus intereses
diarios. Si, por ejemplo, decide ser más consciente en su trabajo, ¿qué es lo
que podría hacer e manera diferente? Si elige ser más consciente en una o
más de sus relaciones afectivas, ¿qué cambiaria en su conducta? Si desea
desarrollar su confianza y respeto por sí mismo, comience ahora. Identifique
tres nuevas conductas dentro del ámbito de su trabajo y de sus relaciones,
respectivamente, en las que pueda practicar esta semana... y comprométase a
experimentarlas.
Y
siga trabajando durante los próximos siete días, y las siguientes, para ampliar
más su conciencia, paso a paso. En lo que concierne a elevar la autoestima, no
evolucionamos a pasos de gigantes, sino comprometiéndonos en la acción a
avanzar poco a poco, paso tras paso, inflexiblemente, hacia un horizonte en
constante expansión.
No es que no puedan ocurrir adelantos y transformaciones
extraordinarios Esto puede suceder, pero no a aquellos que esperan con una
actitud de vacía pasividad. Debemos actuar, y debemos comenzar a partir del
punto en que nos hallamos. Un pequeño movimiento en dirección a una conciencia
más elevada abre la puerta a otro, y a otro. No importa en qué punto empecemos;
sólo importa que asumamos la responsabilidad de empezar.
Ejercicios para mejorar mi autoestima
La autoestima se aprende, fluctúa y la podemos mejorar.
En los momentos de dificultades, de
estrés o de bajo ánimo nos acordamos que nuestra autoestima no es tan buena
como nos gustaría, pero te recomiendo que sea en los momentos de vacaciones, de
buen estado de ánimo y de bonanzas cuando inicies esta labor de crecimiento y
refuerzo de autoestima, te será muy útil releer estos ejercicios en las épocas
de inseguridades, así que prepara una libreta o diario para que te sea más
fácil tener estos ejercicios presentes.
Una vez tengas papel y
bolígrafo, ponte manos a la obra:
-Haz una lista de
todas tus cualidades y virtudes.
Es normal que al principio sea una
tarea costosa por falta de costumbre, y que no sepas, ni por donde empezar ni
que poner, pero ves ampliando poco a poco esta lista cada día o cada ratito de
tranquilidad que encuentres.
Es cuestión de práctica, pero para
que te sea más sencillo empieza por las áreas que suelas mostrar más seguridad
y continúa por el resto. Por ejemplo: tus destrezas en las actividades
favoritas, tus atributos físicos, características de personalidad, las virtudes
que te piropean tus amigos o familiares, tus aspectos fuertes o positivos en el
área laboral, familiar ó personal.
Después relee tu lista
todas las veces que necesites hasta creértela de verdad, y vuelve a leer cuando
lo necesites.
¡Ah… y no! llegar hasta la
prepotencia exagerada no es nuestra meta, ya que estas personas suelen poseer
baja autoestima, pero sí, queremos
alcanzar una prepotencia interior, con sana autoestima, respeto y educación
hacia los demás y una capacidad de autosuperación imparable.
Recuerda que estamos acostumbrados a
fijarnos en los aspectos negativos que hay en nosotr@s y poco a valorar los
aspectos positivos, pero que tod@s tenemos y muchos. Así que cuidado a la hora
de hacer tu lista, no
queremos fijarnos en lo que nos falta sino lo que tenemos, así
que prohibido quitarle valor a los aspectos positivos reflejados, suelen ser
errores comunes las frases de tipo: “algo
inteligente” “me gusta mi pelo pero
mi nariz la odio”, “soy sociable aunque
no siempre” “me dicen que soy cariñoso aunque solo es a veces”, etc.
¿Yo no conozco a nadie
que sea amable en todos los segundos de su vida y tú?
-Fíjate en las cosas
positivas de tu alrededor, en lo bueno del día y en las actividades
gratificantes que has realizado hoy.
La tarea no es fijarte en si hoy te
ha tocado la lotería, si te han subido el sueldo o si todo lo que has hecho hoy
te ha salido bien, ya que esto sucede muy pocas veces en la vida, se trata de
empezar a valorar todas aquellas pequeñas cosas que pocas veces somos
conscientes y que por el ritmo ajetreado de nuestro día a día se nos olvida
valorar.
También requerirá de un esfuerzo por
tu parte realizar esta tarea, pero es una labor muy importante para mejorar tu
autoestima, observa los pequeños placer cotidianos y goza cada día de más. Por
ejemplo: el paseo de vuelta a casa, la conversación con ese/a amig@, esa
comida sabrosa, ese aroma del jabón o la colonia, etc.
Pon “caramelitos” en tu
vida, tú eres tu mejor dispensador de “caramelos”.
-Cambia a mensajes
positivos y de control en tu vida.
Si todos los días cada vez que me
equivoco me repito “que torpe o burro soy” o cuando tengo un problema serio lo
primero que me viene a la cabeza es “no voy a ser capaz de superarlo” no
afrontaré las dificultades del día con seguridad.
¡Así que déjate de lamentaciones
inútiles o calificativos despectivos, de ver el mundo de color negro, y
comienza a descubrir desde el gris al resto de la gama de colores, hasta el
rosa hay mucho antes!
Primero fíjate y empieza a observar
que tipo de verbalizaciones negativas te sueles hacer, y después
convirtámoslas.
Algunos tipos de los más frecuentes
y sus cambios a realizar son:
·
Pensamientos pesimistas
a realistas o esperanzadores:
“Me siento solo” a “En realidad,
todo el mundo tiene pocas personas a las que acudir ante los verdaderos
problemas, yo puedo contactar con …y con …”
“No voy a encontrar trabajo” a “Si
me lo propongo de verdad, lo acabaré consiguiendo, voy a poner mucha energía en
ello”.
·
Generalizaciones a
concreciones:
“Todo lo hago mal” a “Me he
equivocado en….”
“No puedo hacer nada” a “Hay cosas
que no dependen de mí pero otras aunque sea difícil voy a tratar de mejorarlas”
“Siempre fracaso” a “Esta vez he
fracasado”
·
Atribuciones externas
del éxito a hacernos conscientes de los logros.
“He aprobado porque era fácil el
exámen” a “Me he esforzado y he aprobado”.
·
Verbalizaciones
destructivas a aceptaciones de mis limitaciones.
“Soy la más fea de mis amigas” a
“Tengo unas amigas muy guapas, pero aunque a mí no me guste mi nariz, tengo
muchas otras cosas buenas como…”
“Que torpe soy con la cocina” a “No
se me da bien cocinar, pero se me da bien….”
“Tengo la culpa de todo” a “Me he
equivocado en….pero todo no depende de mí”.
-Analiza tu
autoestima, fortalécela y cuídala.
No todo el mundo tiene baja
autoestima por los mismos motivos, algunos de los factores más importantes son
los que se presentan a continuación, ¡plantéate
pequeñas metas y a por tu reto!
Normalmente es una combinación o
conjunto de ellos, así que no te asustes y prohibido tener miedo a la vida, no luchar por lo que
quieres y no pensar en que podemos ser mejores.
- Baja la exigencia contig@ mism@ y con los demás.
Para mejorar nuestra meta no puede ser la perfección, ya que no existe.
- Date recompensas y refuérzales a los demás lo que te
gusta de ellos.
- Mejora tu autoconcepto (lee y cree en tu lista de
virtudes y cualidades).
- Afronta tus dificultades de forma gradual y fíjate
en tus progresos. Recuerda que los problemas nunca desaparecen sino con el
tiempo se agrandan, así que hoy es un buen día para empezar.
- Si son dificultades
sociales, ves haciendo pequeñas tareas de menos vergüenza o dificultad a más, la
única forma de perder la vergüenza es practicando tus pequeños retos.
- Falta de asertividad, es decir
hacer valer tus derechos respetando los demás, como no saber decir que no, ser
agresivo en tus peticiones.
-Si te cuesta expresar tus
emociones, empieza por la más fáciles y a las personas que menos te vaya a
costar.
-Si tienes miedos, evitándolos lo
único que consigues es limitar tu vida y que no disminuyan sino todo lo
contrario.
-Te cuesta tomar decisiones, pues
afróntalas, piensa ventajas e inconvenientes y acción.
-Me cuesta aceptar mis errores y las
críticas de los demás. Colócalas en un sitio prudente y de todo se aprende.
Plantéate desde cuando tienes estas
dificultades el grado de dificultad y sé justo a la hora de proponerte las
submetas, si son difíciles y necesitas ayuda, búsquela o pídela, lee, busca
ayuda a tu pareja, familia, amig@s o plantéate recurrir a ayuda profesional.
El crecimiento personal
es labor de cada día, tuya y solo tuya. ¡Ánimo y puedes conseguir todo aquello
que te propongas!


8 Técnicas para trabajar la autoestima
Cómo mejorar la autoestima
baja
Para mi
tener una autoestima saludable es un proceso interno. Si estamos comprometidos
a mejorar la autoestima, existen varias manera en que podemos lograrlo todos
los días. Cada paso que demos nos va a ayudar a alcanzar nuestra meta. Conoce
estas 8 técnicas para trabajar la autoestima.
8 Maneras para mejorar la autoestima
Estas son las cosas que hago todos los días y me gustaría compartirlas con usted:
Estas son las cosas que hago todos los días y me gustaría compartirlas con usted:
- Hago lo mejor para no juzgar a
otras personas.
Si me encuentro atrapada en este juego, cosa que algunas veces hago, inmediatamente cambio mi atención a otra cosa. Porqué?. Porque cuando juzgamos a los demás nos ponemos en una posición de creer que somos mejores que ellos, lo cual no es una autoestima saludable. - Trato de no tomar la crítica de
los demás como algo personal.
Yo sé que si alguien me critica no es acerca de mí, es acerca de la persona que me está criticando. Es otra manera que la persona se siente bien, despreciando a los demás. Trato de tomar la crítica como un consejo y ver si puedo aprender algo de ello. Esto es tener una autoestima saludable. - Hago gimnasia
Casi todos los días hago gimnasia, si no puedo correr voy al gimansio. Esto me hace sentir muy bien acerca de mí misma, y me concientiza de que estoy haciendo algo que me gusta hacer para mí. - Medito todos los días.
Estar en silencio me hace sentir bien y me hace sentir conectada conmigo misma. - No me privo a mi misma de comer
Nunca me privo de algo que me gusta como ser helado, chocolate, etc. Como sin culpa. - Tengo muy buen sentido del humor
Esto me ayuda mucho, especialmente cuando empiezo a sentir lástima de mí misma. - Trato de no criticar
Si me descubro criticando a alguien, paro, y cambio mi diálogo interno. - Celebro todos los días mis éxitos
Inclusive si son pequeños, cuando algo parece ser de poca importancia. Tomo conciencia es esto. Ej: hice la comida, regué las plantas, me mantuve calma frente a una persona agresiva, etc.
Estos hábitos me han ayudado a
mantener una autoestima saludable. La clave es hacer algo que nos haga sentir
bien acerca de nosotros mismos.
Cómo es la persona con autoestima
baja
Baja
autoestima - como se manifiesta
Las
personas con baja autoestima tienen la tendencia de sentir y pensar
constatemente en forma negativa. Carla Valencia explica cómo se manifiesta la
baja autoestima y cuáles son las actitudes de personas que poseen baja
autoestima.
Como se manifiesta la baja autoestima,
cuales son las actitudes de personas que poseen baja autoestima.Las personas con baja autoestima tienen la tendencia de sentir y pensar constatemente en forma negativa. Tienen miedo de cometer errores y viven con una constante frustración y desatifechos de su vida en general.
Otra de las características de la baja autoestima es la tendencia de vivir a la defensiva y siempre sopechando de los demás. No ponen limites en sus relaciones porque tienen miedo de ser abandonados.
Este miedo de ser abandonado y especialmente el miedo a ser herido es una importante característica de la baja autoestima. El miedo al cambio, miedo de estar solo y comunicación evasiva es otra manera de manifestarse.
Me gustaria compartir más características de la baja autoestima:
- Sentirse y
actuar como una víctima. Esperar lo peor.
- Juzgar
constantemente. Esta tendencia de juzgar constantemente es porque los hace
sentir superiores a los demás.
- No cumplen
acuerdos y no creen en ellos mismos.
- Incapacidad de
ser naturales y actuar espontáneamente.
- Exageran,
pretenden y mienten a causa de su inseguridad.
- Se sienten
avergonzados de sí mismos, siempre le echan la culpa a los demás y son muy
críticos.
- Quieren que
los demás los vean como buenos, siempre están buscando la aprobación de
los demás porque tienen miedo de ser rechazados.
- Son pesimistas y negativos.
- Siempre
razionalizan por miedo al cambio.
- Celosos y
envidiosos, se sienten sin valor ni dignidad y especialmente que no
merecen recibir el amor de los demás.
- Perfectionistas,
por miedo al fracaso y a cometer errores.
- Dependientes, buscan relaciones
emocionalmente destructivas . Tiene adicciones, son compulsivos y padecen
de desordenes alimenticios.
- No son capaces
de manener intimidad en sus relaciones.
- No aceptan
cumplidos ni halagos.
- Excesiva ansiedad
y preocupacion.
- MIedo de
conocerse a sí mismos.
- Responden con
irracionalidad y estan regidos por sus emociones.
- Falta de
propósito en su vida, confusión y falta de dirección.
- Se sienten
indadecuados enfrentando nuevas situaciones por su inseguridad y
pefeccionismo.
- Se resienten
mucho cuando no ganan.
- Muy
vulnerables de la opinión de los demás, comentarios y actitudes.

