sábado, 18 de octubre de 2014

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CUANDO LA EMOCIÓN ESTALLA EL CUERPO GRITA

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CUANDO LA EMOCIÓN ESTALLA EL CUERPO GRITA
La respuesta de nuestro cuerpo ante la ansiedad y la depresión
Por lo general, cuando sentimos un dolor o una molestia física, lo primero que hacemos es acudir al médico porque creemos que tenemos alguna enfermedad. En ocasiones, el médico nos dice que debemos acudir al psicólogo porque nuestro problema no es algo orgánico o del cuerpo, sino de la forma en la que estamos enfrentando nuestra realidad.
Obviamente, la mayoría de las personas, estamos acostumbradas a relacionar el dolor con una enfermedad orgánica; por eso,  si las personas sienten dolor en la espalda o el cuello o sufren de cefaleas constantes entonces visitan al médico, éste les da un fármaco y como el síntoma desaparece, creen que se han “curado”. Al poco tiempo, el síntoma vuelve a presentarse y vuelven a acudir al doctor y, con cierta molestia, le exigen que les recete un fármaco más fuerte para ya “curarse” por completo. Este comportamiento pone en evidencia nuestra típica manera de actuar, negando (lo que el médico expresó),  que es posible que se tenga un problema psicológico o un desequilibrio emocional.
Así, algunas personas van de médico en médico para encontrar una respuesta física de algo que en realidad no se presenta en el organismo, sino que está en nuestra forma de percibir los acontecimientos que nos rodean, la forma en cómo estamos manejando o evitando los conflictos familiares, de pareja, con los hijos, con los vecinos, con los yernos o las nueras, en el trabajo, etc. Estas personas no quieren aceptar que el problema no es orgánico porque si fuera un problema mental o emocional, la gente las calificaría de “locas”, (según  cierta forma de pensar), y esto sería un motivo de rechazo, lo cual quieren evitarse.
Cuando estas personas aceptan que algo en sus vidas les está creando dicho malestar o ansiedad, buscan ayuda psicológica o psicoterapéutica. No se trata de un trauma infantil o algo por el estilo, sino que existe algo que nos supera y que no sabemos cómo hacerle frente; puede ser también, que llevamos un ritmo de vida demasiado acelerado y nuestro cuerpo lo está resintiendo.
Cada vez que presentemos un malestar físico, es recomendable cuestionarnos si tenemos hábitos de vida saludables, si tenemos una buena alimentación e hidratación, si nuestros hábitos de sueño son los convenientes, si realizamos el ejercicio suficiente para ayudar a nuestro cuerpo a tener una mejor calidad en su funcionamiento. También, es preciso considerar que el medio ambiente influye en nuestro cuerpo, como por ejemplo, la contaminación, los cambios bruscos de temperatura, el calor, el frío, los hongos, el polvo (ácaros), la humedad, o ciertos hábitos personales como el tabaquismo, etc. Y por lo tanto, es indispensable acudir al médico quien puede orientarnos sobre el origen de nuestro malestar.
Los trastornos psicosomáticos están muy influidos por los factores sociales y culturales en donde nos desarrollamos. De hecho, el tipo y la frecuencia con que se presentan los síntomas somáticos varían en los diferentes contextos en la misma forma en cómo lo hacen los factores socioculturales.
El término trastorno psicosomático se utiliza para referirse a un determinado trastorno físico en donde los factores psicológicos juegan un papel importante, es decir, cuando se presentan los factores psicológicos que influyen en diversa medida a la iniciación o empeoramiento de una determinada dolencia o padecimiento físico. El trastorno psicosomático se define como aquel, que teniendo origen psicológico, presenta síntomas fisiológicos que pueden producir alteraciones a nivel corporal. Se refiere a dolores físicos que las personas presentan y que no son producidos por una enfermedad orgánica sino que son el resultado de sus problemas psicológicos o su inestabilidad emocional.
Científicamente está comprobado que cualquier trastorno denominado físico suele implicar ciertas alteraciones psicológicas y viceversa. Los trastornos psicosomáticos son aquellos en donde los factores psicológicos ejercen una influencia más determinante.
Debido a la falta de tiempo en las consultas y a lo difícil que es diagnosticar las enfermedades somáticas, la Medicina tradicional se dirige a centrarse casi por completo en los síntomas físicos de una enfermedad, olvidando que el aspecto psicológico puede ser también causa del malestar físico. Tal vez sea que por este motivo, cada vez más personas están buscando la respuesta a sus malestares en las medicinas alternativas.
La psicología de la salud y la medicina conductual se encargan de estudiar más a fondo esta relación mente-cuerpo. El individuo empieza a ser observado desde una perspectiva más amplia, considerando sus factores biológicos, psicológicos y sociales desde que se presenta con la sintomatología de alguna enfermedad hasta la evolución de la misma. Así, la persona es considerada como  un individuo bio-psico-social.
La ansiedad, el estrés y la depresión actúan sobre diferentes hormonas, que provocan cambios en nuestro organismo, haciéndonos más sensibles al dolor y que influyen en diversas enfermedades. Por ejemplo, hay estudios que relacionan el estrés con el cáncer. Otras investigaciones han demostrado que la depresión debilita el sistema inmunológico por lo que las personas enferman con más frecuencia.
A grandes rasgos, la ansiedad o la depresión pueden provocar los siguientes síntomas en nuestro cuerpo.
1.    Si se les asocia al sistema nervioso, pueden provocar dolores de cabeza, mareos, vértigos, desmayos, hormigueos, parálisis musculares, parálisis facial, entre otros síntomas.
2.    Si se les vincula a nuestros sentidos, la ansiedad o la depresión pueden provocarnos ceguera, visión doble, afonía, entre otros.
3.    La ansiedad o la depresión, vinculadas al sistema respiratorio, pueden causar sensación de ahogo, dolor u opresión en el pecho, rinitis alérgica, alergias, asma bronquial, hiperventilación,  etc.
4.    En relación al sistema digestivo, pueden producir sensación de tener la boca seca, de atragantamiento, náuseas, vómitos, asco, estreñimiento, diarrea, gastritis crónica, úlcera péptica, colitis, hiperacidez, colon irritable,  etc.
5.    La ansiedad o depresión, vinculadas al sistema osteomuscular, provocan tensión muscular, dolor en la espalda y en el cuello, cansancio o fatiga, tortícolis, cefaleas tensionales, etc.
6.    Vinculadas al aspecto cutáneo, provocan acné, dermatitis, pruritos, eczemas, hiperhidrosis, urticaria, alopecia areata.
7.    En unión con el sistema inmunitario pueden ser causa de cáncer, enfermedades infecciosas y alergias.
8.    En relación con los trastornos cardiovasculares, provocan enfermedad coronaria, taquicardia, arritmia, hipertensión, infarto, angina de pecho.
9.    En relación al aspecto genitourinario, provocan, dismenorreas, desórdenes menstruales, etc.
10.  En vinculación con el dolor crónico, llegan a provocar cefalea, migraña, artritis reumatoide, dolor sacroiliaco, etc.

Para saber si se trata de una enfermedad orgánica o del efecto de un desequilibrio emocional en nuestro cuerpo, es necesario acudir al médico y referirle que los síntomas se mantienen en el tiempo y han limitado la vida social, familiar y laboral y que impiden el desarrollo de la persona.
El médico determinará si todos los síntomas pueden justificarse por factores psicológicos o si coexisten con factores biológicos (orgánicos). Para ello será necesario recurrir a una o varias pruebas diagnósticas complementarias como análisis de sangre,  orina, radiografía de la columna, etc. Es muy importante hacer que el paciente tome conciencia de cuáles son los factores que intervienen en su enfermedad, sin poner en duda la existencia e intensidad del padecimiento, para así evitar realizar pruebas diagnósticas molestas, que sólo causan ansiedad y confusión en el paciente. Es conveniente el trabajo en equipo entre el médico, el psicólogo y el neurólogo o psiquiatra.
El tratamiento para los factores psicológicos,  se basan en el enfoque terapéutico por medio de las técnicas de modificación de conducta, de relajación progresiva, de respiración diafragmática, que han demostrado ser muy eficaces en algunos casos.
La relación mente-cuerpo es muy clara. Del mismo modo que las enfermedades físicas influyen en nuestro estado de ánimo y nos provocan debilitamiento, miedo, preocupación, así también muchos problemas psicológicos provocan síntomas físicos.
Si te sientes identificado con algún aspecto aquí mencionado, el Médico General, el Médico del Deporte y los psicoterapeutas de ConMeDPsi (Consultorios de Medicina del Deporte y Psicología)  nos ponemos a tus órdenes en los teléfonos: 5530561207/ 5554061322/ 55923293.












El siguiente artículo tiene como finalidad la de informar sobre ciertos datos que se han investigado. No se pretende promover ningún debate al respecto.