CUANDO
LA EMOCIÓN ESTALLA EL CUERPO GRITA
La respuesta de nuestro cuerpo ante la
ansiedad y la depresión
Por lo general, cuando sentimos un
dolor o una molestia física, lo primero que hacemos es acudir al médico porque
creemos que tenemos alguna enfermedad. En ocasiones, el médico nos dice que
debemos acudir al psicólogo porque nuestro problema no es algo orgánico o del
cuerpo, sino de la forma en la que estamos enfrentando nuestra realidad.
Obviamente, la mayoría de las
personas, estamos acostumbradas a relacionar el dolor con una enfermedad
orgánica; por eso, si las personas sienten
dolor en la espalda o el cuello o sufren de cefaleas constantes entonces visitan
al médico, éste les da un fármaco y como el síntoma desaparece, creen que se
han “curado”. Al poco tiempo, el síntoma vuelve a presentarse y vuelven a acudir
al doctor y, con cierta molestia, le exigen que les recete un fármaco más
fuerte para ya “curarse” por completo. Este comportamiento pone en evidencia
nuestra típica manera de actuar, negando (lo que el médico expresó), que es posible que se tenga un problema
psicológico o un desequilibrio emocional.
Así, algunas personas van de médico en
médico para encontrar una respuesta física de algo que en realidad no se
presenta en el organismo, sino que está en nuestra forma de percibir los
acontecimientos que nos rodean, la forma en cómo estamos manejando o evitando
los conflictos familiares, de pareja, con los hijos, con los vecinos, con los
yernos o las nueras, en el trabajo, etc. Estas personas no quieren aceptar que
el problema no es orgánico porque si fuera un problema mental o emocional, la gente
las calificaría de “locas”, (según cierta forma de pensar), y esto sería un
motivo de rechazo, lo cual quieren evitarse.
Cuando estas personas aceptan que algo
en sus vidas les está creando dicho malestar o ansiedad, buscan ayuda
psicológica o psicoterapéutica. No se trata de un trauma infantil o algo por el
estilo, sino que existe algo que nos supera y que no sabemos cómo hacerle
frente; puede ser también, que llevamos un ritmo de vida demasiado acelerado y
nuestro cuerpo lo está resintiendo.
Cada vez que presentemos un malestar
físico, es recomendable cuestionarnos si tenemos hábitos de vida saludables, si
tenemos una buena alimentación e hidratación, si nuestros hábitos de sueño son
los convenientes, si realizamos el ejercicio suficiente para ayudar a nuestro
cuerpo a tener una mejor calidad en su funcionamiento. También, es preciso
considerar que el medio ambiente influye en nuestro cuerpo, como por ejemplo,
la contaminación, los cambios bruscos de temperatura, el calor, el frío, los
hongos, el polvo (ácaros), la humedad, o ciertos hábitos personales como el
tabaquismo, etc. Y por lo tanto, es indispensable acudir al médico quien puede
orientarnos sobre el origen de nuestro malestar.
Los trastornos psicosomáticos están
muy influidos por los factores sociales y culturales en donde nos
desarrollamos. De hecho, el tipo y la frecuencia con que se presentan los
síntomas somáticos varían en los diferentes contextos en la misma forma en cómo
lo hacen los factores socioculturales.
El término trastorno psicosomático se utiliza para referirse a un determinado
trastorno físico en donde los factores psicológicos juegan un papel importante,
es decir, cuando se presentan los factores psicológicos que influyen en diversa
medida a la iniciación o empeoramiento de una determinada dolencia o
padecimiento físico. El trastorno psicosomático se define como aquel, que
teniendo origen psicológico, presenta síntomas fisiológicos que pueden producir
alteraciones a nivel corporal. Se refiere a dolores físicos que las personas
presentan y que no son producidos por una enfermedad orgánica sino que son el
resultado de sus problemas psicológicos o su inestabilidad emocional.
Científicamente está comprobado que
cualquier trastorno denominado físico suele implicar ciertas alteraciones
psicológicas y viceversa. Los trastornos psicosomáticos son aquellos en donde
los factores psicológicos ejercen una influencia más determinante.
Debido a la falta de tiempo en las
consultas y a lo difícil que es diagnosticar las enfermedades somáticas, la
Medicina tradicional se dirige a centrarse casi por completo en los síntomas
físicos de una enfermedad, olvidando que el aspecto psicológico puede ser
también causa del malestar físico. Tal vez sea que por este motivo, cada vez
más personas están buscando la respuesta a sus malestares en las medicinas
alternativas.
La
psicología de la salud y la medicina conductual se encargan de estudiar más a
fondo esta relación mente-cuerpo. El individuo empieza a ser observado desde
una perspectiva más amplia, considerando sus factores biológicos, psicológicos
y sociales desde que se presenta con la sintomatología de alguna enfermedad
hasta la evolución de la misma. Así, la persona es considerada como un individuo bio-psico-social.
La ansiedad, el estrés y la depresión
actúan sobre diferentes hormonas, que provocan cambios en nuestro organismo,
haciéndonos más sensibles al dolor y que influyen en diversas enfermedades. Por
ejemplo, hay estudios que relacionan el estrés con el cáncer. Otras
investigaciones han demostrado que la depresión debilita el sistema
inmunológico por lo que las personas enferman con más frecuencia.
A grandes rasgos, la ansiedad o la
depresión pueden provocar los siguientes síntomas en nuestro cuerpo.
1.
Si
se les asocia al sistema nervioso,
pueden provocar dolores de cabeza, mareos, vértigos, desmayos, hormigueos,
parálisis musculares, parálisis facial, entre otros síntomas.
2.
Si
se les vincula a nuestros sentidos,
la ansiedad o la depresión pueden provocarnos ceguera, visión doble, afonía, entre
otros.
3.
La
ansiedad o la depresión, vinculadas al sistema
respiratorio, pueden causar sensación de ahogo, dolor u opresión en el
pecho, rinitis alérgica, alergias, asma bronquial, hiperventilación, etc.
4.
En
relación al sistema digestivo, pueden
producir sensación de tener la boca seca, de atragantamiento, náuseas, vómitos,
asco, estreñimiento, diarrea, gastritis crónica, úlcera péptica, colitis, hiperacidez,
colon irritable, etc.
5.
La
ansiedad o depresión, vinculadas al sistema
osteomuscular, provocan tensión muscular, dolor en la espalda y en el
cuello, cansancio o fatiga, tortícolis, cefaleas tensionales, etc.
6.
Vinculadas
al aspecto cutáneo, provocan acné,
dermatitis, pruritos, eczemas, hiperhidrosis, urticaria, alopecia areata.
7.
En
unión con el sistema inmunitario
pueden ser causa de cáncer, enfermedades infecciosas y alergias.
8.
En
relación con los trastornos
cardiovasculares, provocan enfermedad coronaria, taquicardia, arritmia,
hipertensión, infarto, angina de pecho.
9.
En
relación al aspecto genitourinario,
provocan, dismenorreas, desórdenes menstruales, etc.
10. En vinculación con el dolor crónico, llegan a provocar
cefalea, migraña, artritis reumatoide, dolor sacroiliaco, etc.
Para saber si se trata de una
enfermedad orgánica o del efecto de un desequilibrio emocional en nuestro
cuerpo, es necesario acudir al médico y referirle que los síntomas se mantienen
en el tiempo y han limitado la vida social, familiar y laboral y que impiden el
desarrollo de la persona.
El médico determinará si todos los
síntomas pueden justificarse por factores psicológicos o si coexisten con factores
biológicos (orgánicos). Para ello será necesario recurrir a una o varias
pruebas diagnósticas complementarias como análisis de sangre, orina, radiografía de la columna, etc. Es muy
importante hacer que el paciente tome conciencia de cuáles son los factores que
intervienen en su enfermedad, sin poner en duda la existencia e intensidad del
padecimiento, para así evitar realizar pruebas diagnósticas molestas, que sólo
causan ansiedad y confusión en el paciente. Es conveniente el trabajo en equipo
entre el médico, el psicólogo y el neurólogo o psiquiatra.
El tratamiento para los factores
psicológicos, se basan en el enfoque
terapéutico por medio de las técnicas de modificación de conducta, de
relajación progresiva, de respiración diafragmática, que han demostrado ser muy
eficaces en algunos casos.
La relación mente-cuerpo es muy clara.
Del mismo modo que las enfermedades físicas influyen en nuestro estado de ánimo
y nos provocan debilitamiento, miedo, preocupación, así también muchos
problemas psicológicos provocan síntomas físicos.
Si te sientes identificado con algún
aspecto aquí mencionado, el Médico General, el Médico del Deporte y los
psicoterapeutas de ConMeDPsi (Consultorios de Medicina del Deporte y
Psicología) nos ponemos a tus órdenes en
los teléfonos: 5530561207/ 5554061322/ 55923293.
El siguiente artículo tiene como
finalidad la de informar sobre ciertos datos que se han investigado. No se
pretende promover ningún debate al respecto.


