miércoles, 5 de noviembre de 2014

“Tips” para el desarrollo de la Inteligencia Emocional.

  Filosofía de la Educación e Inteligencia Emocional.


Cómo debemos abordar con los niños la autoconciencia, la autogestión, la conciencia social y la gestión de las relaciones. Estos cuatro elementos encajan en éstas cuatro esferas de todos los modelos de la inteligencia emocional.
Como educadores es importante abordar estos elementos porque están mínimamente sugeridos en los diseños curriculares.
Por otro lado, mientras que el mundo está cambiando más rápidamente que nunca, nuestras organizaciones, escuelas y a menudo nuestras mentes están estancadas en el pasado.
Albert Einstein decía que la Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela. Los mismos problemas que dañaban la educación a principios del siglo XX de Einstein, los padece actualmente nuestro siglo.
Sigue diciendo: “La mente de un joven no debe atiborrarse de datos, nombres y fórmulas: todo esto lo encontramos en los libros sin necesidad de seguir ningún curso universitario. Los años de estudio deben emplearse únicamente para enseñar a pensar al joven, pada darle un entrenamiento que ningún manual puede sustituir”.
Es un verdadero milagro que la pedagogía moderna no haya llegado a ahogar completamente la santa curiosidad de la búsqueda. Sin dudas, Einstein no solamente era un genio como físico o matemático: además era un filósofo de la educación.
¿Qué le falta a la educación?
A la educación le falta incluir una mejora en el abordaje de las habilidades intra e interpersonales en los diseños curriculares para desarrollar la Inteligencia emocional de los alumnos.
La inteligencia emocional nos ayuda a dar respuesta a por qué algunos alumnos con brillantes notas en el colegio no son exitosos en la vida, a la hora de desenvolverse en familia, trabajo, etc. En contrapartida, nos da respuestas a la pregunta: ¿por qué algunas personas son más capaces que otros de enfrentar contratiempos, superar obstáculos y ver las dificultades desde una lupa distinta?, dice Goleman. Este nuevo concepto viene a darnos respuestas a varios interrogantes más, y la buena noticia es que la inteligencia emocional se puede aprender, con el fin de erradicar la violencia y otros rasgos negativos que son muchos de los males que aquejan a nuestras comunidades, o como pregona la Asociación Educar con la neuropsicoeducación: “fortalece las conductas por trascendencia”.
¿Qué podemos hacer como educadores y como padres de familia?
Mientras tanto, hasta que se produzcan cambios significativos en los diseños curriculares, podemos tomar acciones que nos ayuden y apoyen a nuestros hijos, alumnos, compañeros de trabajo, familia a desarrollar la Inteligencia Emocional.
Desde la Neuropsicoeducación se busca contribuir a completar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, ya que ambos incluyen a la persona en toda su totalidad.
¿Qué podemos hacer desde la familia, desde las diferentes organizaciones, desde la escuela para ayudar a las personas a desarrollar la Inteligencia Emocional?
Aquí se mencionan algunas estrategias para estimular el desarrollo de la Inteligencia Emocional en los niños, como por ejemplo:


       Enseñarles a dar nombre y reconocer los sentimientos y/o emociones. Son de gran ayuda los juegos, los cuentos, las historias, tarjetas con dibujo, etc. Aprovechar el espacio de contar cuentos para que los niños puedan identificar las diferentes emociones de los personajes. Ayudarlos a que dibujen los rostros de los personajes ilustrando cada emoción que están sintiendo.
       Dejar que los niños expresen sus emociones y sus sentimientos. Como adulto escuchar y expresar las propias. El autoconocimiento y autoconciencia, capacidad de saber qué está pasando en nuestro cuerpo y qué estamos sintiendo, son dos de los pilares fundamentales para desarrollar la Inteligencia Emocional.
       Relacionar gestos faciales con sentimientos: por ejemplo, si te ríes, decirle al niño que este sentimiento es alegría. Si muestras una cara triste, es porque no te gusta lo que está pasando. Es fundamental que los niños puedan aprender a “leer” las caras de las personas con las que interactúa para entender cómo se están sintiendo y eventualmente, de ser necesario, modificar su conducta.
       Todos sentimos que nuestros hijos son únicos. Eso es verdad, pero hay que enseñarles que su importancia no implica que el resto de las personas “no cuenten”. Enseñarle que  nos volvemos más sabios, mejores personas y más inteligentes cuando nos nutrimos de los conocimientos y sentimientos de los otros. Mostrarle que la persona con la que está tratando tiene un valor, vale, que es importante. Quizás sea así de fácil. A veces las cosas más sencillas de hacer son las que mayor impacto tienen en la vida de los demás, como dar un abrazo, dedicar unos minutos, escuchar con atención.
       Enseñarle que en la vida no siempre se puede tener lo que queremos. La mayoría de las veces es posible aunque es probable que cueste mucho esfuerzo y trabajo. Enseñarle a esperar hasta que llegue el momento de tener lo que se quiere y que en el mientras tanto, tenemos que seguir viviendo, disfrutando y preocupándonos por nosotros y las personas que nos rodean. Otros pilares de la Inteligencia Emocional son el autocontrol y el autodominio (regular la manifestación de una emoción y/o modificar un estado de ánimo). No acceda a comprarles todo lo que quieren “ya y ahora”. Deben aprender a esperar.
       Enseñarle que cuando se tiene un problema, lo primero que hay que hacer es reflexionar y luego actuar de una forma pacífica, sin lastimar a otras personas para solucionar el problema. Enseñarle al niño a cómo afrontar las emociones negativas como la ira, el enojo, la rabia, etc., dando herramientas para que aprenda a relajarse para luego reflexionar. Explicarle qué es lo que se puede hacer cuando uno está enojado para calmarse (respirar profundo, lavarse la cara, correr por el jardín). Está bien expresar que uno está enojado, siempre  y cuando se haga de manera saludable y sin herirse ni hiriendo a otra persona.
       Enseñarle que hay que preocuparse por uno mismo, cuidarse, pero también por las otras personas. Aplaude cuando tu hijo aprenda, trabaje o juegue en equipo.
       

       La capacidad de automotivarse y de motivar a los demás también es una competencia de la inteligencia emocional y deberían ser abordadas. La capacidad de automotivarse y posteriormente motivar a otras personas está íntimamente ligada al optimismo y a la autoestima. Celebra los logros de tus hijos con alegría y haz partícipe a toda la familia y amigos de estos logros. Un niño que recibe reconocimiento, que lo que hace vale, raramente seerá agresivo o pesimista.
       Así como se celebran las actitudes y acciones positivas que tu hijo realiza, también se debe señalar con firmeza que algo está mal cuando tu hijo realiza una acción negativa, como por ejemplo, que se puede lastimar a sí mismo o a otras personas física y emocionalmente. Ayuda a tu hijo a ponerse en el lugar de la otra persona y a pensar cómo se sentiría él en aquella situación. Ayuda también, si es que lastimó a otra persona a trazar un plan para poder solucionar el daño. Enséñale a ofrecer disculpas.
       En las relaciones sociales, enseñale a tu hijo , que la mejor manera de solucionar los conflictos es conversando, no agrediendo ni física ni verbalmente a la otra persona. Frente a dos puntos de vista, una buena charla puede achicar las brechas, enseñarnos a ver las cosas desde otro puento de vista, aprender y aceptar que quizás lo mejor es lo que la otra persona propone. De no ser así, enseñar a expresar lo que siente para que se pueda llegar a la solución del conflicto. También puedesn enseñar que su influencia personal puede servir para inspirar a otros, comunicar y expresar lo que sienten.
       Tómate el tiempo para conservar con tus hijos. Lo ideal es que los valores fundamentales sean proporcionados desde la familia y la escuela. Ayúdalo a comprender la realidad, proponiendo el juicio crítico. Comparte con tu hijo los programas de TV, los juegos de PC, los videojuegos. Ayuda a tus hijos a distinguier lo que es diversión, lo que es informativo, lo que hay que tomar de la web y lo que hay que dejar. Enseña que no todo lo que aparece en Internet es verdad o está bien.
       Felicita al niño cada vez que enfrente una emoción negativa de manera adecuada, es decir, utilizando una de las técnicas que le enseñaste para ello o una que haya surgido de sí mismo. Esto  ayudará a que el niño haga consciente su aprendizaje y, consecuentemente, lo automatizará generalizándolo a situaciones nuevas. Además, ayudará a desarrollar su optimismo y autoestima.
       No olvides nunca que la mejor manera de enseñar y educar es mediante el ejemplo.

Concluyendo...
Las emociones juegan un papel preponderante en la vida, por eso es función de los educadores darles a nuestros hijos y alumnos herramientas para que descubran sus propios estilos de aprendizaje, reconozcan sus emociones y consecuentemente, puedan modelarlas a los fines de ser personas más felices consigo mismas y con quienes los rodean, viviendo en estado de paz y buscando la trascendencia.
Seguramente, anhelamos que nuestros hijos y alumnos aprendan muchísimo del mundo exgerior, pero también anhelamos que aprendan muchísimo más de sus mundos interiores para poder dejarles una huella postiva y significativa en sus vidas.
(Fuente: asociacióneducar.com. Autora: Nse. Alejandra del Fabro).




martes, 28 de octubre de 2014

Desear y no obtener es la fuente del sufrir

Desear y no obtener es la fuente del sufrir
El presente artículo es un compendio de fragmentos del libro: El camino de las lágrimas de Jorge Bucay. Ed. Océano.

Es horrible admitir que cada pérdida conlleva una ganancia. Y, sin embargo, no hay pérdida que no implique una ganancia. No hay pérdida que no provoque necesariamente un crecimiento personal.
Comenzar de nuevo, dejar atrás, aprender otras formas de vivir sin depender de la mirada de alguien, caminar sin bastones, son las cosas que han hecho de nosotros, los adultos, las personas que finalmente somos. Porque somos, en gran medida el resultado de nuestro crecimiento y de nuestro desarrollo y tanto uno como otro dependen de la manera en que hayamos podido o no enfrentar nuestras pérdidas.
En el duelo siempre hay algo a lo que no hubiera querido renunciar, algo que no hubiera deseado perder.
La palabra pérdida, etimológicamente, viene de la unión del prefijo per (al extremo
superlativamente) y de der (que es antecesor de dar). La pérdida nos habla de la imposición que la vida me hace obligándome a conceder mucho más de lo que estaría dispuesto a dar.

En el fondo yo, tú y todos pretendemos nunca desprendernos totalmente de nada. Quizá la vivencia de lo perdido es nuestra respuesta a la idea del “ya no más”. Un “ya no más” impuesto que no depende de mi decisión ni de mi capacidad. Una especie de renuncia forzada a algo que hubiera preferido seguir teniendo.
Los duelos son experiencias imprescindibles y parte de nuestro crecimiento. Todos los terapeutas del mundo estamos de acuerdo en que la posibilidad de encontrar una forma de expresión de las vivencias internas ayudará  a aliviar el dolor.
Conectarse quiere decir estar en sintonía con lo que está pasando, es decir, establecer una relación entre lo que hago, lo que siento, lo que percibo y el estímulo original. Pasado ese momento, la conexión, en el mejor de los casos se agota, se termina y pierde vigencia para permitirme volver al estado de reposo.
Cada pérdida, por pequeña que sea, implica la necesidad de hacer una elaboración. Elaborar un duelo es abandonar los espacios que nos suenan más seguros, más protegidos y aunque sea, más previsibles. Consiste en dejarlo para ir a lo diferente. Pasar de lo conocido a lo desconocido. Esto, irremediablemente nos obliga a crecer.
A veces, no soltar es la muerte. A veces la vida está relacionada con soltar lo que alguna vez nos salvó. Soltar las cosas a las cuales nos aferramos intensamente creyendo que tenerlas es lo que nos va a seguir salvando de la caída. Todos tenemos una tendencia a aferrarnos a las ideas, a las personas y a las vivencias. Y aunque intuitivamente nos damos cuenta de que aferrarnos a esto significará la muerte, seguimos anclados a lo que ya no sirve, a lo que ya no está; temblando por nuestras fantaseadas consecuencias de soltarlo.
Es preciso aprender a enfrentarse con las pérdidas desde un lugar diferente, desde la posibilidad de valorar el recorrido a la luz de lo que sigue, y lo que sigue es el encuentro con uno yo mismo enriquecido por aquello que hoy ya no tengo, que pasó por mí, pero también por la experiencia vivida en el proceso. Esto es difícil de aceptar.
Estoy hablando de un beneficio secundario que se cosecha como consecuencia del indeseable momento del duelo y no de lo beneficioso de pasar por la situación de la muerte de un ser querido.
¿Por qué sufrimos? Sufrimos cuando nos damos cuenta de que no tenemos algo deseado, o cuando nos enteramos de alguna pérdida, cuando lo obtenido está demasiado distante de lo esperado y cuando creemos que para algunas cosas ya es tarde.

El sufrimiento, sentenciaba Buda, es universal porque tiene una sola raíz y esta raíz, decía el maestro, es el deseo.
Deseo, apego, anhelos y expectativas; he aquí las raíces de nuestros sufrimientos. Y si allí se originan, sigue Buda, el sufrimiento se puede evitar, el dolor tiene solución. La solución es dejar de desear. Aceptar. Soltar. Cancelar la imperiosa urgencia de que las cosas sean diferentes de lo que son.
Identificamos nuestro ser felices con nuestro confort, con el éxito, con la gloria, con el
poder, con el aplauso, con el dinero, con el gozo, con el placer instantáneo; y no parecemos estar ni un poquito dispuestos a renunciar a algo de eso. Ni siquiera a cambio de ser felices. Nadie nos puede hacer creer que dejaríamos de sufrir si diéramos el gran paso de dejar de anhelar.
Somos como el alpinista aferrados a la búsqueda de cosas materiales como si fueran la soga que nos va a salvar. No nos animamos a soltar este pensamiento porque pensamos que sin posesiones lo que sigue es el cadalso, la muerte, la desaparición. Sabemos que lo conocido nos ocasiona sufrimiento, pero no estamos dispuestos a renunciar a ello.
Para nosotros los occidentales, nos es imposible dejar de desear; es decir, no dejamos de fabricar deseos. Ninguno de nosotros puede ni podrá jamás tener todo lo que desea. Desear y no obtener es la fuente del sufrir. La llave podría buscarse por el camino de aprender a entrar y salir del deseo.
Si yo pudiera descubrir mi posibilidad de disfrutar en cualquiera de estas situaciones, si yo puedo imaginar algún grado de alegría en cada una de estas posibilidades, entonces no habría ningún sufrimiento esperándome. Si yo fijo gran parte de mis ilusiones y expectativas, si yo decido que lo único que me puede hacer feliz en este momento es disfrutarlo tal cual es, entonces se termina “el momento de las vocales quejosas” como por ejemplo: Aaaah…. Qué gran defraudación. Ooooh…… qué terrible pérdida. Eeeeeh…es que yo siempre había tenido auto. Uuuuuh….Yo no voy a soportar la ausencia de esta persona que me hacía la vida divertida o más fácil.
Si pudiéramos burlarnos de nuestras miserias lo llamaríamos “el momento del sufrimiento garantizado”, porque lo que me hace sufrir es mi apego, es mi manera de relacionarme con mis deseos. El problema no es saber entrar y salir de las situaciones, sino no poder aceptar la conexión y la desconexión con las cosas.

No haber aprendido que el obtener y el perder son parte de la dinámica normal de la vida considerada feliz es un vivir sufriendo. Muerte, cambio, pérdida y vida plena están íntimamente relacionados desde el comienzo de los tiempos, como lo demuestran los estudios de la antropología, la historia de los pueblos primitivos y la psicología.

Vivir esos cambios es animarnos y permitir que las cosas dejen de ser para que den lugar a otras nuevas cosas. Elaborar el duelo es soltar todo. Es cuando temo a las cosas que vienen, cuando me agarro a las cosas que hay. Me quedo centrado en las cosas que tengo porque no me animo a vivir lo que sigue. Me convenzo de que no voy a soportar el dolor que esto significa, para justificar mi manera de aferrarme a todo lo anterior.
Las personas pueden decir: pero cuando uno pierde cosas que quiere, siente que le duele y a veces sufre mucho por lo que no está. Sí, y el tema está en ver qué hacemos para quedarnos sólo con el dolor pero renunciando al sufrimiento. Hay miles de cosas que te invitan a recorrer el camino de las lágrimas porque además de las personas que uno pierde hay situaciones que se transforman, hay vínculos que cambian, hay etapas de la propia vida que quedan atrás, hay momento de la vida que se terminan y cada una de estas cosas representa una pérdida para elaborar. Si me doy cuenta de que TODO de alguna manera va a pasar, concluiré asumiendo que es MI responsabilidad enriquecerme al despedirlas.
Cuanto mayor sea el apego que siento a lo que estoy dejando atrás, mayor será el daño que se produzca a la hora de la separación, a la hora de la pérdida, a la hora de vivir el duelo. No es imprescindible que sea así, pero en general sucede que cuanto más quiero a alguien, más tiendo a apegarme y éste será entonces,  el principio de verdad sobre el que se construye aquella idea de que el que ama se arriesga a sufrir y la horrible conclusión (además engañosa y falsa) de que “si uno no ama no sufre”.
En relación con el dolor, el amor es más que un riesgo, es casi una garantía; porque en cada relación amorosa comprometida es más que probable que haya aunque sea un poquito de dolor, aunque no sea más que el dolor de descubrir nuestras diferencias y de enfrentar nuestros desacuerdos. Porque el dolor a veces, es cierto, acompaña al que sufre y ocupa el lugar que antes habitaba la persona que se fue. El dolor siempre está listo para llenar los vacíos, todos los espacios. Y  es necesario entender que si bien esta sensación de estar acompañado por el dolor no es agradable, por lo menos no es tan amenazante como parece el vacío.
Una parte del proceso de aceptación y elaboración consiste en la ardua tarea de descubrir y dejar vivir adentro mío las cosas que otro dejó. Puede ser que esté aquí físicamente a nuestro lado, tiene su misma cara, su mismo nombre pero no la misma expresión, quizá conserve la misma voz pero ya no dice las mismas palabras y hasta quizá sean las mismas palabras pero ya no significan lo mismo. No está más allí afuera… Pero sí puedo darme cuenta de que lo que dejó en mí, está dentro de mí.

Hace falta entrenarse una nueva vida cada mañana si es que uno decide soportar la pérdida de la propia vida diferente que terminó ayer. Vivir vale la pena.
El Dios en quien yo creo no nos manda el problema, sino la fuerza para sobrellevarlo” Harold S. Kushner


sábado, 18 de octubre de 2014

CUANDO LA EMOCIÓN ESTALLA EL CUERPO GRITA

CUANDO LA EMOCIÓN ESTALLA EL CUERPO GRITA
La respuesta de nuestro cuerpo ante la ansiedad y la depresión
Por lo general, cuando sentimos un dolor o una molestia física, lo primero que hacemos es acudir al médico porque creemos que tenemos alguna enfermedad. En ocasiones, el médico nos dice que debemos acudir al psicólogo porque nuestro problema no es algo orgánico o del cuerpo, sino de la forma en la que estamos enfrentando nuestra realidad.
Obviamente, la mayoría de las personas, estamos acostumbradas a relacionar el dolor con una enfermedad orgánica; por eso,  si las personas sienten dolor en la espalda o el cuello o sufren de cefaleas constantes entonces visitan al médico, éste les da un fármaco y como el síntoma desaparece, creen que se han “curado”. Al poco tiempo, el síntoma vuelve a presentarse y vuelven a acudir al doctor y, con cierta molestia, le exigen que les recete un fármaco más fuerte para ya “curarse” por completo. Este comportamiento pone en evidencia nuestra típica manera de actuar, negando (lo que el médico expresó),  que es posible que se tenga un problema psicológico o un desequilibrio emocional.
Así, algunas personas van de médico en médico para encontrar una respuesta física de algo que en realidad no se presenta en el organismo, sino que está en nuestra forma de percibir los acontecimientos que nos rodean, la forma en cómo estamos manejando o evitando los conflictos familiares, de pareja, con los hijos, con los vecinos, con los yernos o las nueras, en el trabajo, etc. Estas personas no quieren aceptar que el problema no es orgánico porque si fuera un problema mental o emocional, la gente las calificaría de “locas”, (según  cierta forma de pensar), y esto sería un motivo de rechazo, lo cual quieren evitarse.
Cuando estas personas aceptan que algo en sus vidas les está creando dicho malestar o ansiedad, buscan ayuda psicológica o psicoterapéutica. No se trata de un trauma infantil o algo por el estilo, sino que existe algo que nos supera y que no sabemos cómo hacerle frente; puede ser también, que llevamos un ritmo de vida demasiado acelerado y nuestro cuerpo lo está resintiendo.
Cada vez que presentemos un malestar físico, es recomendable cuestionarnos si tenemos hábitos de vida saludables, si tenemos una buena alimentación e hidratación, si nuestros hábitos de sueño son los convenientes, si realizamos el ejercicio suficiente para ayudar a nuestro cuerpo a tener una mejor calidad en su funcionamiento. También, es preciso considerar que el medio ambiente influye en nuestro cuerpo, como por ejemplo, la contaminación, los cambios bruscos de temperatura, el calor, el frío, los hongos, el polvo (ácaros), la humedad, o ciertos hábitos personales como el tabaquismo, etc. Y por lo tanto, es indispensable acudir al médico quien puede orientarnos sobre el origen de nuestro malestar.
Los trastornos psicosomáticos están muy influidos por los factores sociales y culturales en donde nos desarrollamos. De hecho, el tipo y la frecuencia con que se presentan los síntomas somáticos varían en los diferentes contextos en la misma forma en cómo lo hacen los factores socioculturales.
El término trastorno psicosomático se utiliza para referirse a un determinado trastorno físico en donde los factores psicológicos juegan un papel importante, es decir, cuando se presentan los factores psicológicos que influyen en diversa medida a la iniciación o empeoramiento de una determinada dolencia o padecimiento físico. El trastorno psicosomático se define como aquel, que teniendo origen psicológico, presenta síntomas fisiológicos que pueden producir alteraciones a nivel corporal. Se refiere a dolores físicos que las personas presentan y que no son producidos por una enfermedad orgánica sino que son el resultado de sus problemas psicológicos o su inestabilidad emocional.
Científicamente está comprobado que cualquier trastorno denominado físico suele implicar ciertas alteraciones psicológicas y viceversa. Los trastornos psicosomáticos son aquellos en donde los factores psicológicos ejercen una influencia más determinante.
Debido a la falta de tiempo en las consultas y a lo difícil que es diagnosticar las enfermedades somáticas, la Medicina tradicional se dirige a centrarse casi por completo en los síntomas físicos de una enfermedad, olvidando que el aspecto psicológico puede ser también causa del malestar físico. Tal vez sea que por este motivo, cada vez más personas están buscando la respuesta a sus malestares en las medicinas alternativas.
La psicología de la salud y la medicina conductual se encargan de estudiar más a fondo esta relación mente-cuerpo. El individuo empieza a ser observado desde una perspectiva más amplia, considerando sus factores biológicos, psicológicos y sociales desde que se presenta con la sintomatología de alguna enfermedad hasta la evolución de la misma. Así, la persona es considerada como  un individuo bio-psico-social.
La ansiedad, el estrés y la depresión actúan sobre diferentes hormonas, que provocan cambios en nuestro organismo, haciéndonos más sensibles al dolor y que influyen en diversas enfermedades. Por ejemplo, hay estudios que relacionan el estrés con el cáncer. Otras investigaciones han demostrado que la depresión debilita el sistema inmunológico por lo que las personas enferman con más frecuencia.
A grandes rasgos, la ansiedad o la depresión pueden provocar los siguientes síntomas en nuestro cuerpo.
1.    Si se les asocia al sistema nervioso, pueden provocar dolores de cabeza, mareos, vértigos, desmayos, hormigueos, parálisis musculares, parálisis facial, entre otros síntomas.
2.    Si se les vincula a nuestros sentidos, la ansiedad o la depresión pueden provocarnos ceguera, visión doble, afonía, entre otros.
3.    La ansiedad o la depresión, vinculadas al sistema respiratorio, pueden causar sensación de ahogo, dolor u opresión en el pecho, rinitis alérgica, alergias, asma bronquial, hiperventilación,  etc.
4.    En relación al sistema digestivo, pueden producir sensación de tener la boca seca, de atragantamiento, náuseas, vómitos, asco, estreñimiento, diarrea, gastritis crónica, úlcera péptica, colitis, hiperacidez, colon irritable,  etc.
5.    La ansiedad o depresión, vinculadas al sistema osteomuscular, provocan tensión muscular, dolor en la espalda y en el cuello, cansancio o fatiga, tortícolis, cefaleas tensionales, etc.
6.    Vinculadas al aspecto cutáneo, provocan acné, dermatitis, pruritos, eczemas, hiperhidrosis, urticaria, alopecia areata.
7.    En unión con el sistema inmunitario pueden ser causa de cáncer, enfermedades infecciosas y alergias.
8.    En relación con los trastornos cardiovasculares, provocan enfermedad coronaria, taquicardia, arritmia, hipertensión, infarto, angina de pecho.
9.    En relación al aspecto genitourinario, provocan, dismenorreas, desórdenes menstruales, etc.
10.  En vinculación con el dolor crónico, llegan a provocar cefalea, migraña, artritis reumatoide, dolor sacroiliaco, etc.

Para saber si se trata de una enfermedad orgánica o del efecto de un desequilibrio emocional en nuestro cuerpo, es necesario acudir al médico y referirle que los síntomas se mantienen en el tiempo y han limitado la vida social, familiar y laboral y que impiden el desarrollo de la persona.
El médico determinará si todos los síntomas pueden justificarse por factores psicológicos o si coexisten con factores biológicos (orgánicos). Para ello será necesario recurrir a una o varias pruebas diagnósticas complementarias como análisis de sangre,  orina, radiografía de la columna, etc. Es muy importante hacer que el paciente tome conciencia de cuáles son los factores que intervienen en su enfermedad, sin poner en duda la existencia e intensidad del padecimiento, para así evitar realizar pruebas diagnósticas molestas, que sólo causan ansiedad y confusión en el paciente. Es conveniente el trabajo en equipo entre el médico, el psicólogo y el neurólogo o psiquiatra.
El tratamiento para los factores psicológicos,  se basan en el enfoque terapéutico por medio de las técnicas de modificación de conducta, de relajación progresiva, de respiración diafragmática, que han demostrado ser muy eficaces en algunos casos.
La relación mente-cuerpo es muy clara. Del mismo modo que las enfermedades físicas influyen en nuestro estado de ánimo y nos provocan debilitamiento, miedo, preocupación, así también muchos problemas psicológicos provocan síntomas físicos.
Si te sientes identificado con algún aspecto aquí mencionado, el Médico General, el Médico del Deporte y los psicoterapeutas de ConMeDPsi (Consultorios de Medicina del Deporte y Psicología)  nos ponemos a tus órdenes en los teléfonos: 5530561207/ 5554061322/ 55923293.












El siguiente artículo tiene como finalidad la de informar sobre ciertos datos que se han investigado. No se pretende promover ningún debate al respecto.



miércoles, 15 de octubre de 2014

INFLUENZA ESTACIONAL

INFLUENZA ESTACIONAL
¡Mantén y refuerza las medidas preventivas contra la influenza!
Protege a tu familia
La influenza es una enfermedad de las vías respiratorias causada por un virus extremadamente contagioso. Existen tres tipos de virus: A, B, C los cuales pueden cambiar creando varios subtipos.
Algunas veces, esta enfermedad ocasiona otros trastornos como neumonía, infecciones de los oídos y de los senos nasales, deshidratación, empeoramiento del asma y hasta la muerte.

Transmisión
-          Se transmite fácilmente de persona a persona por medio de tos o estornudos.
-          También se transmite si una persona toca algo donde está el virus de la influenza y luego se toca la nariz o la boca.
Síntomas
·         Fiebre alta de más de 38 grados centígrados.
·         Dolor de cabeza intenso.
·         Cansancio extremo.
·         Escurrimiento nasal.
·         Tos.
·         Dolor de garganta.
·         Dolor muscular, de ojos y articulaciones.
·         Nariz congestionada.
·         Diarrea en ocasiones.
·         Mal estado general.

Recomendaciones para prevenirla
-          Extremar la higiene personal y en ambientes laborales.
-          Lavarse frecuentemente las manos con agua y jabón, especialmente después de toser o estornudar.
-          Limpiar muy bien su entorno (casa, oficina, mesas, etc).
-          Lavar frecuentemente corbatas, sacos, abrigos.
-          Taparse la boca y la nariz al estornudar y usar pañuelos desechables.
-          En caso de que le sorprenda el estornudo, debe colocar el antebrazo.
-          Evitar escupir en el suelo o en las superficies expuestas al medio ambiente, hazlo con un pañuelo desechable.
-          Evitar cambios bruscos de temperatura.
-          Mantenerse alejados de personas que tengan infección respiratoria.
-          No saludar ni de beso ni de mano.
-          Ventilar y permitir la entrada de sol en la casa, en las oficinas y en todos los lugares cerrados.
-          No fumar.
-          Mantener limpias las cubiertas de cocina y baño, manijas y barandales, así como juguetes, teléfonos y objetos de uso común.

Tratamiento o Vacunación
No hay manera de asegurar que no se contraerá la enfermedad, pero sí se pueden
tomar algunas medidas para reducir las probabilidades de enfermarse. La principal medida es la de vacunarse; el mejor momento para ello es en el otoño antes de que empiece la temporada de gripe. También puede vacunarse en el invierno, cuando la temporada de gripe alcanza su punto más alto. Es importante considerar que ninguna medicina puede sustituir a la vacuna contra la gripe.


La influenza es causada por un virus para el cual no existe tratamiento. Existen medicamentos que ayudan a tolerar la enfermedad, acortan o disminuyen los síntomas si es que se administran dentro de las 48 horas de la presencia de la enfermedad. Los medicamentos son de uso delicado por lo cual sólo el médico está capacitado para determinar si deben administrarse a un paciente. Las temporadas de la influenza son impredecibles y pueden resultar graves.

Grupos de Riesgo

Todos somos propensos a enfermarnos pero  presentan un mayor riesgo la población de:
-          Adultos mayores
-          Niños muy pequeños
-          Adultos y niños con ciertos problemas de salud (corazón, riñón, asma, diabetes, etc).
-          Personas con VIH/SIDA, cáncer o algún otro trastorno de salud.
-          Personas que viven en residencias para ancianos.

Vacúnate hoy mismo
Por lo general, la Secretaría de Salud comienza la vacunación en el invierno, cuando el virus ya se ha propagado en lugar de iniciar en el otoño, como se recomienda.
Te invitamos a tomar la vacuna preventiva de una vez antes de que empiece la escasez del medicamento durante la temporada de mayor contagio.
El costo es muy accesible.
Para apartar tu vacuna o recibir información contáctanos a los teléfonos: 5530561207/ 55923293 o al 5554061322. 

¿QUÉ ES UN NEURÓTICO?

¿QUÉ ES UN NEURÓTICO?
Un neurótico es una persona que sufre.  Este sufrimiento se presenta a partir de un  dolor emocional excesivo con consecuencias conductuales específicas. Esta aflicción puede mostrarse en comportamientos, sentimientos y emociones tales como ansiedad, depresión, fobias, agresividad, hiperactividad, celos, dependencias, apegos, obsesiones, miedos, baja autoestima, etc.
El neurótico vive atrapado en el tiempo y se presenta como un adulto (por su edad cronológica) pero que se estancó y enganchó a su niño interior en un infantilismo con el que se comporta el adulto, y éste se conduce conforme a la edad mental en la cual se estacionó. El neurótico es un niño que no quiere crecer, no sabe cómo crecer. El neurótico tiene un síntoma que le sirve de escudo, que le ayuda a escapar del hecho de que tiene que ser un ser humano mayor y lo que la adultez representa.
El neurótico por lo general teme al cambio, porque de presentarse, dejaría su lugar seguro y cómodo en el que se ha acomodado y en el que ha creado su círculo de hábitos y defensas experimentadas durante toda la vida, tales como sus sufrimientos, que lo han vuelto desconfiado y sus miedos que refuerzan su falta de crecimiento.
La neurosis surge de una profunda y agobiante nostalgia por una infancia fallida y la búsqueda inconsciente de una segunda oportunidad. Por eso, el adulto atrapado en el capullo de la infancia mal vivida, deforma su memoria, idealiza a la familia, tiende a culpabilizarse, se aferra al pasado, se victimiza, compra o viaja compulsivamente, no perdona aunque finge hacerlo y siempre desea una felicidad que no llega.
La neurosis es una estrategia que una persona desarrolla porque quiere eludir lo inaceptable, como por ejemplo, una decepción, un fracaso, la ira, los celos, las pérdidas. También, la neurosis se delimita como una angustia existencial o ansiedad.
En la neurosis, contrariamente a la psicosis, no existe una pérdida de la realidad, es decir, no se sufre de alucinaciones, sino que la concepción de lo que es real está de acuerdo con lo que la sociedad define como real y por tanto, el pensamiento se considera como “normal”.
El neurótico tiene un terrible temor a descubrir que está solo en el mundo y que sus apegos son ilusorios, porque en realidad siempre ha sido un como un huérfano que debe enfrentarse a ser responsable de sus acciones, a ser feliz para él y por él mismo, a ser autónomo y autosuficiente. Nadie hará las cosas por él y para él.
La palabra “neurótico” fue propuesta por el médico escocés William Cullen en 1769 en referencia a los trastornos sensoriales y motores causados por enfermedades del sistema nervioso. También hace referencia a los trastornos mentales que distorsionan el pensamiento racional y el funcionamiento social, familiar, laboral adecuado con las personas.
Por lo general, el término neurosis hace se refiere a un trastorno mental sin evidencia de lesión orgánica que presenta un elevado nivel de angustia y una hipertrofia de los mecanismos compensadores de la misma. La persona se protege de la angustia utilizando estrategias de defensa como represión, proyección, negación, intelectualización y desplazamiento entre otros. Cuando existen patrones crónicos de una mala adaptación a la realidad, surge un trastorno de personalidad.
Los principales tipos de neurosis son la de angustia, la fóbica, la histérica y la obsesiva.
La depresión neurótica es un estado mental que se caracteriza por una depresión desproporcionada como consecuencia de alguna experiencia aflictiva. Por lo general, se encuentra asociada a un estado de ansiedad. A diferencia de las depresiones endógenas, el tratamiento psicoterapéutico focalizado es lo más aconsejable para este tipo de depresión.



Fobia
La fobia es un miedo angustioso a una situación o a un objeto que no representa ningún peligro. Lleva conflictividad interior. Existe una desproporción a la situación que se presenta. La fobia no se explica racionalmente porque el temor es involuntario. La fobia conduce a la persona a evitar la situación o el objeto que le provoca miedo. Algunas fobias o temores fóbicos más conocidos son:
-       Nosofobias o temor a las enfermedades.
-       Agorafobia o miedo a las situaciones en donde es difícil escapar o conseguir ayuda.
-       Claustrofobia o miedo a los espacios cerrados.
-       Hidrofobia o miedo al agua.
-       Nictalofobia o temor a la noche.
-       Criptofobia o temor a espacios pequeños.
-       Cinofobia o temor a los perros.
-       Gelofobia o temor a los gatos.
-       Hipocondría o miedo a estar padeciendo una enfermedad.
Las fobias específicas interfieren poco en la vida normal y se tratan con técnicas conductistas. En la agorafobia la terapia se combina con el conductismo y con las terapias cognitivas. Para las fobias sociales como el miedo de hablar en público, se utiliza la psicoterapia de apoyo.

Histeria
Es una forma de personalidad que llega a propiciar un trastorno de tipo neurótico. La personalidad histérica con un tipo histriónico, se caracteriza por conductas teatrales. Para Lazare y col (1966) la personalidad histérica presenta las siguientes características:
1.    Egocentrismo: Amplia necesidad por destacar sobre los demás.
2.    Histrionismo: La persona es hiper-expresiva y dramática.
3.    Labilidad emocional: La persona tiene una afectividad inestable e incontrolada.
4.    Sugestionabilidad: La persona es vulnerable a la influencia de otras personas.
5.    Dependencia: Característica de la persona adulta que no ha alcanzado su independencia emocional.
6.    Erotización: Busca la atención de los demás por medio de la seducción.
7.    Temor a la sexualidad: Puede ser una pérdida imaginaria de una facultad física. También presenta alteración de las funciones integradoras de la conciencia, de la identidad y de la memoria.
A la persona con estos síntomas puede tratársele por medio de psicoterapia de apoyo y aislarlo de su ambiente cotidiano para que no pueda obtener los premios que refuerzan su comportamiento neurótico.
Para lograr el equilibrio y la armonía de la persona que tiene neurosis o neurótico, es preciso guiarlo a que logre su autonomía, autorrealización, autorregulación, independencia; esto se obtendrá si el paciente logra liberarse de todos los apegos, resistencias y rabias infantiles. Es preciso “deshabituarlo” de este tipo de conductas.

El re-nacer de la persona a la vida adulta, requiere de entrega y dedicación por parte del paciente, que se confía al buen criterio y conocimiento de su terapeuta.